La Vida También Se Lee
Llueve, hace viento en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
Muchos indígenas están formados en el exterior de un banco, donde
tú y yo entramos directamente. Adentro solamente hay tres de ellos
esperando en la misma fila que nosotros. Alguien, un compañero,
vestido como tú y como yo, pregunta la razón de ese hecho. No
le dan una explicación, pero lo mandan callar. El pregunta a los
indígenas cuánto tiempo llevan formados afuera. Tres o cuatro
horas, dicen algunos de ellos. Resulta que solamente pueden entrar
al banco de tres en tres; es decir cuando salen unos pueden entrar
otros a la fila donde nosotros nos formamos como sí nada. El compañero
se indigna y les dice que no hay ninguna ley que prohiba que los
indígenas entren al banco, ni otra que señale que deban formarse
afuera y no adentro. Las autoridades bancarias llaman a una patrulla
y se llevan al compañero. Estuvo detenido unas horas. Su mujer
y sus amigos tuvieron que pagar una fianza para que pudiera salir
de la cárcel.
Si decidimos contarles esto –este capítulo de la vida en el 2005-
a los niños, quizás podamos ayudarles con algunas preguntas:
¿Qué piensas tú de lo que pasó?
¿Qué harías tú si fueras el compañero?
¿Qué harías si fueras el dueño del banco?
¿Qué harías si fueras un niño indígena acompañando a su mamá?
¿Piensas que uno puede ser diferente en algo y sentir de la misma
manera?
¿Puedes pensar diferente y seguir siendo amigo con alguien?
¿Pueden conversar personas aunque no sean amigas?
¿Piensas que hay ideas que pueden repensarse?
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