El Megacamote
A los ciudadanos están a punto de mandarnos
al baile; a un macabro baile de todos contra todos que podría
desembocar en resistencia armada, o en guerra civil.
Muchísimas y muy dolorosas décadas tuvieron que pasar para que
México pudiera abrirse paso rumbo a la democracia. Fue un largo
proceso que culminó con la creación del IFE y del TRIFE, dos instituciones
totalmente ciudadanas que se encargarían de organizar las elecciones,
de hacer el cómputo de los votos, de juzgar las impugnaciones
que pudiera haber y de dar un resultado final e inapelable. En
términos electorales, detrás de estas dos instituciones ya no
hay nada. Eso es lo grave de desconocer a ambas, aunque digan
que las respetan, al tiempo que procuran llevarlas a una situación
límite donde no quede más salida que declarar nula la elección
cosa que equivaldría a declarar incapaces tanto al IFE como al
TRIFE; es decir, la demolición y la dilapidación de las dos herramientas
que construimos los ciudadanos para procurarnos esas elecciones
democráticas que son el sustento y el arranque de toda vida moderna
e institucional.
En la actual elección presidencial, los ciudadanos no fallamos.
Votamos copiosamente y en paz, con puntualidad y pulcritud instalamos
las casillas, recibimos los votos, los contamos en presencia de
los representantes de los partidos, hicimos las actas y enviamos
los paquetes. Por los ciudadanos no quedó; nuestro trabajo fue
encomiable.
Desgraciadamente no podemos decir lo mismo de los funcionarios
y de los candidatos. Ambos nos han fallado y le siguen fallando
a esa ciudadanía.
Ahora bien, en estas fallas hay grados. El señor Pericles Ugalde
falló básicamente por omisión: habló y habló y nunca nos dijo
ese resultado preliminar que teníamos derecho a conocer y nunca
nos advirtió que habían dos millones y medio de votos que no habían
sido considerados todavía. Éstas fueron sus fallas y si se les
mira bien, fueron básicamente de comunicación, aunque con eso
bastó para que AMLO le diera vuelo a su interminable jelengue.
Por aquí llego al señalamiento de los dos grandes culpables de
nuestra actual y creciente turbulencia social: me refiero a AMLO
y a Felipe Calderón. Los dos han actuado al margen de nuestras
leyes electorales. Felipe declarándose ganador y actuando en consecuencia;
Andrés Manuel declarándose perdedor y también actuando en consecuencia.
Esto es lo que le ha hecho perder nitidez al trabajo del TRIFE
que es la única institución que puede declarar oficialmente a
un triunfador. La tarea del TRIFE apenas comienza, pero Felipe
ya está nombrando gabinete y AMLO ya está organizando el alzamiento
popular. AMLO no sabe perder y Felipe no sabe ganar.
Con estos ingredientes se ha formado el megacamote que da título
a esta colaboración y que preside nuestra vida pública: diputados
y senadores estrictamente no sirven para nada, de los sindicatos
ya ni les cuento, los partidos han sido rebasados y están patas
para arriba mostrando las tripas y las miserias; de la Presidencia
ya sabemos que no podemos esperar mucho y así, no hay de donde
agarrarse, salvo que le demos nuestro apoyo y un entero voto de
confianza al TRIFE. Es eso, o la tiniebla.
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