Voy Volviendo
Tienen 30 segundos para mentarme la madre…¡Ya!.
Ahora procedo a explicarles mi inexplicable ausencia. Lo único
que se me ocurre decir es que vino el torbellino y me levantó.
Pueden dudarlo, pero desde el 2 de julio no he conocido el reposo:
he participado en reuniones de todo tipo, he viajado por todas
las direcciones del país ofreciendo charlas y dictando conferencias
que no han tenido mayor pretensión que hacer un poco de luz sobre
la problemática que se nos vino encima por la ineptitud del IFE
y en particular la de su presidente, Pericles Ugalde, por la violenta
y muchas veces ilegal, infundada y demagógica reacción de AMLO
quien había contemplado todas las posibilidades, menos la de perder;
cuando la derrota se presentó, no encontró mejor cosa que organizar
la movilización popular desde el Zócalo que es su espacio natural
(fuera de este espacio y como bien lo está comprobando el patético
Peje, su energía y convocatoria se disipan, se diluyen y tienden
a desaparecer).
Estas misas laicas que, durante varios domingos ofició Andrés
Manuel tuvieron una asistencia masiva (nadie ha establecido todavía
qué tan costosa) y culminaron de un modo bastante lamentable con
el doble anuncio de la toma del eje Zócalo-Reforma que dejó a
Alejandro Encinas en la posición de un triste e ilegal gato; y
con el anuncio de una “convención” que, según AMLO, serviría para
crear el México nuevo con nuevas instituciones porque a las ya
establecidas, según el gurú tropical, había que mandarlas al diablo.
Declarado esto, a su Charro Negro le cayó todavía más chamba,
pues no era cosa de no intentar una respuesta ciudadana frente
al arbitrario y costoso atropello que implicaba la toma de Reforma.
Mucho, pero muy fructífero tiempo tuve que dedicarle a la exitosa
Operación Despeje que se resolvió en cuanto el Ejército puso la
pierna fuerte y le dio a AMLO la dorada oportunidad de salirse
de esa trampa que él mismo se fabricó al tomar Reforma y que le
costó una porción muy importante de su capital político. La toma
de Reforma fue una perfecta estupidez y no ha sido la única de
las que ha cometido el líder más carismático que México ha tenido
en décadas. Y todavía faltaba una tontería mayor: en la famosa
“convención”, a brazo alzado, una multitud no demasiado importante,
nombró a AMLO “Presidente Legítimo” que es una patochada equivalente
a que lo hubieran nombrado Rey de Zambia. Aceptado esto, AMLO
decidió eclipsarse, abandonó el Zócalo y avanzó rumbo al sur con
el ánimo de reagrupar fuerzas y consolidar un movimiento popular
que podría convertirse en partido, pues es claro que el PRD y
Andrés Manuel tienen una convivencia cada vez más difícil.
Mientras tanto, otras danzas ocuparon mi tiempo: el fallido y
ridículo informe presidencial, la declaración oficial del triunfo
de Felipe quien antes de recibir esta constancia, guardó un prudente
silencio; ya oficializado su triunfo, ha roto el silencio y ha
dicho puras intrascendencias y naderías. Si así va a estar, nuestro
futuro no se ve halagüeño.
Otro personaje al que tuvimos que ponerle atención en este espasmódico
lapso fue Cuauhtémoc Cárdenas quien de elegante manera puso en
evidencia los errores de AMLO y sus traiciones a la democracia
de izquierda. Por si algo faltara, apareció Carlos Slim y dijo
que todo era kafkiano (¿en qué lo habrá notado?).
Ahora tenemos encima la bronca de Oaxaca que es una trampa política
donde hay muchas manos metidas y que lo único que no busca es
el bien de esa Ciudad y de ese Estado tan relegado, tan explotado,
tan marginado de la historia.
En todo esto he andado, lectora lector querido, no he conocido
el reposo y no he tenido los minutos necesarios para comunicarme
regularmente contigo. Acepto todas las mentadas, pero anuncio
que ya vine de donde andaba y que volveré a estar con ustedes.
Nos seguiremos comunicando.
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