Por la Vuelta
Vengo de un viaje larguísimo. Parte de él se
ha cumplido por el mar y por la tierra; otra parte la he realizado
piel adentro. Pronto tendré 63 años y no quisiera morirme sin
saber quién soy.
De un modo u otro, ya estoy de regreso y me encuentro con mi país
padeciendo un fortísimo catarro, de esos que dan en enero. Para
abrir juego (y fuego) Felipe Calderón decidió afrontar uno de
los retos mayores de su gobierno: el narco. Hasta ahora, los resultados
han sido desiguales, aunque ya es mérito el haberle entrado de
frente a la amenaza más agresiva y brutal que pesa sobre México.
En plenas maniobras, las finanzas se descomponen: baja el precio
del petróleo, el maíz escasea y se encarece, todo mundo aprovecha
para subir precios y resulta que a Felipe le están dando su primera
“caladita” para ver si va a seguir en el bobalicón estilo de Fox,
o si trae su propia energía y un verdadero modo de mandar.
Los partidos están enteramente desgobernados, la justicia sigue
siendo una burla y acaparadores y bribones quieren sacar su raja.
De haber sabido, no regreso; pero ya estoy aquí y desde aquí les
envío un abrazo no por cibernético, menos caluroso.
Nos veremos con frecuencia. Ése es mi compromiso.
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