Masa y Poder
Mientras Felipe se vestía de soldadito, alguien
comenzó a moverle el tapete financiero al flamante Presidente.
En el español de México, a eso le llamamos: “darle una caladita”.
Todo el jelengue comenzó con una baja en el precio del petróleo
que es todavía manejable, pero que puso a temblar a un mercado
tan volátil, tan fatalista y tan culebra como es el mexicano.
Apenas se estaban haciendo los ajustes con respecto al petróleo,
cuando se presentó la alza en el precio del maíz y el consecuente
encarecimiento de la masa. La garnacha volátil. Se habla de importar
maíz de Sudáfrica y de Estados Unidos, pero lo que no se dice
es que llevamos ya muchos años haciéndolo; para México es mejor
negocio comprar el maíz que cultivarlo. Todos los sectores afectados,
o sea todas las mafias que controlan este mercado, comenzaron
a pegar de gritos y de pronto se creó un efecto dominó que ya
inquietó a todo mundo. Todos quieren subir los precios; todos
quieren ser damnificados del nixtamal, y, mientras tanto, los
trabajadores exigen un nuevo salario de emergencia. Ya se alborotó
todo el gallinero.
A Felipe lo que le toca es conservar la calma, mantenerse muy
cerca del Banco de México y ejercer el poder que le ha sido conferido
para precisamente controlar a la masa.
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