Mi Kapuscinski
Hay autores que, aunque la tradición y los cánones
literarios los consideren patrimonio de la humanidad, se vuelven
intensamente propios e íntimos para algunos lectores que se hermanan
y se identifican poderosamente con ellos. A mí me ocurre con Kapuscinski,
un autor que hace ya un buen número de años, me fue presentado
por un joven amigo que me regaló un ejemplar de “Imperio” una
de sus obras mayores. Desde entonces y hasta hoy vuelvo regularmente
a la lectura de este periodista y escritor ejemplar, compro cada
uno de sus nuevos libros y vivo en la ilusión de que formamos
una especie de complicidad aparte donde él escribe y yo leo.
“Imperio” es la crónica de un viaje y de una pesadilla. De extremo
a extremo y de punta a punta, Kapuscinski recorre la Unión Soviética
y en todas partes encuentra la huella del horror. Para millones
de campesinos y provincianos Stalin sigue vivo y sigue siendo
una invitación a ser sumisos, cobardes, delatores, almas miserables.
Kapuscinski mira esto, pero no con los ojos de un reportero con
ínfulas de aristócrata; él tiene el don de diluirse entre la gente
y de mirar desde su mismo horizonte. Quizá lo único que lo hace
diferente es su capacidad para escribir de modo insuperable lo
que le ocurre a los condenados de esta tierra. La URSS, acaba
por decirnos, jamás fue el sueño cumplido de un proletariado internacional.
La URSS, según él lo comprobó, lo único que pretendió fue poner
al día los delirios imperiales de la Santa Rusia, ahora apoyada
en una inmensa burocracia y en el permanente e improductivo terror…
Pretendo decir algunas cosas más acerca de mi Kapuscinski, el
que se me acaba de morir; pero necesito que tú estés, que no andes
remoloneando en otros portales y que te vuelvas parte de nuestro
proyecto. Tú dirás.
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