Mi Kapuscinski II
He conocido a muchos periodistas mediocres y
corruptos. He conocido a personas que piensan que, por escribir
en un periódico, son periodistas. También he conocido a varios,
no a muchos, buenos periodistas y he conocido a uno que es magnífico.
Se imaginarán que hablo de Kapuscinski a quien conocí personalmente
en una circunstancial escalera del Periódico Reforma que él ascendía
con cierta dificultad; pero también -y esto es lo sustancial-
lo conocí en sus libros.
Ayer escribí acerca de “Imperio”, luego me encontré con libros
tan ricos, tan profundos, tan misteriosos como “El Emperador”
donde Kapuscinski reseña el deslumbrante horror que surge de la
convivencia del esplendor de un monarca como Haile Selassie con
el infinitamente miserable pueblo que gobierna. Las lecciones
políticas, humanas y filosóficas que de este libro se desprenden
son muy dolorosas, muy reales, inevitables.
Después leí “El Sha”. Kapuscinski, egresado de la universidad
académica y de la universidad de la calle y de la vida, está preparando
una historia acerca de Mohamed Reza Pahlevi, Sha de Irán por norteamericana
voluntad. El Sha, nieto de vendedores de carne, huye de Persia
y le deja a Kapuscinski la tarea de terminar con su imaginación
la historia que estaba preparando. Esta tarea la cumple brillantemente.
Después leí “Ébano” que es quizá su obra mayor. Malvivir en África
como malviven los africanos y sobrevivir para contarlo no era
tarea fácil. No es grato despertar súbitamente porque nuestro
catre se bambolea para todas partes. Una fuerza enorme está empujándolo
todo. Se trata de una cobra real en la plenitud de su poderío.
Lo milagroso es poder reseñar ésta y tantas otras historias de
indecible pánico, de crueldad inhumana que ocurren en África.
Si les parece, mañana termino esta veloz reseña de la obra de
mi Kapuscinski.
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