¡Otro Puente!
Con razón se enojan los gringos con nosotros.
Estamos totalmente locos. Apenas pasó enero con todos los calambres
producidos por las múltiples deudas, los achaques que afloraron,
el esófago ardiente, el colesterol en las nubes, la colegiatura
sin pagar y el pertinaz frío que no acaba de irse. Bueno, pues
ven todo eso y es equivalente a nada. En verdad, nada detiene
a los castores aztecas que vinieron a este mundo a construir puentes
por complicados que estos sean. Me apena tanta irresponsabilidad.
Así no vamos a salir nunca. Supongamos y aceptemos que el lunes
5 es una festividad cívica que celebra la promulgación de la siempre
desobedecida, modificada, derogada, parchada Constitución Mexicana.
Correcto, aunque no haya mucha materia, los mexicanos estaremos
en nuestro justo derecho si la celebramos como si fuera producto
de nuestro esfuerzo cotidiano el haberla elaborado. Esto explicaría
lo de ese día; lo que ya es un misterio es que las huestes aztecas
desde hoy ya estén tomando las carreteras y comenzando su júbilo
constitucional.
No sean así. Apenas estamos en febrero. Falta mucho año por vivir
y faltan muchos de ustedes por acercarse a esta Plaza cuyo comercio
tiene que ser cotidiano. Trabajen, corran la voz y luego me avisan,
porque yo me fui a Tlacotalpan a las fiestas de La Candelaria.
Bailaré, comeré, brindaré; pero todo esto es parte de mi trabajo.
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