LEPERINC
Hugo Chávez es un mamón. Peor todavía, es un
dictador mamón de los muchos que hemos padecido en estas tierras.
Ahora el rayo ha caído sobre Venezuela en forma de un botijón
que se pone un uniforme dos tallas más chico que el que sus abundosas
carnes merecen. Como a su tutor, Fidel Castro, le encanta hablar
y sabe que ésa es una fórmula infalible para dormir al pueblo.
Hablan y hablan. Cuando no está galvanizando a las masas, Chávez
agarra otro micrófono directamente conectado con México y se dedica
a encocorar a nuestros presidentes. Ese panzón cree que con decirles
“caballeritos” los aniquila. Luego les canta con su voz de carretonero
alguna canción de José Alfredo y supone que con esto consigue
sacarlos de quicio. Lo malo es que todo esto es verdad. A nuestros
presidentes les falta oficio para dejar esas tonterías menores
a cargo de su Canciller y así, más veloces que la bala, responden
y le entran al juego de este baboso.
Lo peor es que le entran mal. No dominan el noble arte de insultar.
Ahí tienen a Calderón que ya se metió en este berenjenal y pensó
en ponerse a mano con una copla mexicana. Podría haberlo logrado,
pero citó mal el título de la canción y la copla se le trabucó
y quedó incomprensible. Si ya se van a poner así, sería más efectiva
la mentada directa y a la mandíbula. Señor Chávez: en el improbable
caso de que posea usted una progenitora, me haría muy feliz si
se dirige usted con prontitud a friccionarla. Ésta sería una buena
salida, pero hay una mejor que consiste en dejar en manos de verdaderos
profesionales del insulto la tarea de contestarle al jabalí venezolano.
Éste es el servicio que ofrecemos en LEPERINC (Leperadas incorporadas).
Ya no sufras, Felipe, buscando coplitas michoacanas. Los veracruzanos
sabemos crear unas que sacan sangre. Habla a LEPERINC, ponte a
gobernar y déjanos a nosotros la tarea de fulminar al Gordis.
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