¿Otra Constitución?
Por supuesto que sí; por supuesto que tienen
razón los ciudadanos que diagnostican la ineficiencia de la actual,
su inaplicabilidad, su ilegibilidad y su condición de colcha de
abuelita hecha con puros retazos incoherentes y hasta excluyentes.
Cuando me asomo a nuestra actual Carta Magna,
pienso en esas señoras que dedicaron sus décadas de madurez a
entrar y salir de los quirófanos de esa absurda carnicería llamada
cirugía estética. Poco a poco se les va poniendo cara de Petunia
y cuerpo de guitarrón, pero falta todavía lo peor: la vejez, el
grotesco deterioro de un organismo que es mitad natural y mitad
sintético. Según he comprobado, quedan irreconocibles. Exactamente
lo mismo se puede decir de la muy mitificada Constitución de Querétaro:
ni cuando era nueva funcionaba; imagínensela
ahora con la cantidad de parches, componendas y caprichos que
le han añadido.
Esta Constitución cayó en manos de la monarquía
priísta en la que ustedes recordarán el único poder real
era el del Presidente: no había Legislativo, ni Poder Judicial,
ni ciudadanía había. Sólo teníamos y tolerábamos al monarca sexenal
que se dedicaba a añadirle parches a la Constitución de manera
que ésta no estorbara proyectos, arrebatos, o deseos personales
del reyecito.
Ahora caemos en la cuenta de que necesitamos una nueva Constitución.
Estoy totalmente de acuerdo siempre y cuando entendamos que para
que ésta funcione necesitamos nuevas autoridades y sobre
todo una nueva ciudadanía que en ese documento se reconozca y
se comprometa.
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