Salinas Y Cuba I
Los mexicanos vivimos en estado de perpetua
alerta con respecto a lo que haga o deje de hacer Carlos
Salinas, el Chaparro Maligno. Mi muy discutible opinión
es que, en principio, no era para tanto y que Salinas dio probadas
muestras en el desbarajuste final de su sexenio, que era bastante
bruto y bastante torpe para entrar a esa finísima hilatura que
es la grilla mexicana. Decía un torero español: lo bien toreado
es lo bien arrematao y Shakespeare había dicho “Bien
está lo que bien acaba”. Con esto basta para mostrar que
Salinas no fue, ni de lejos, el Príncipe de Maquiavelo y que más
bien estuvo cerca de ser uno de estos mexicanos tontitos que aspiraron
a ser reyes y así les fue. Su gran antecesor en la política mexicana
es Iturbide, o Santa Anna, o Calles,
o alguno de los muchos megalómanos que hemos padecido.
Carlos Salinas terminó del asco. Luego el sucesor que él nombró
metió a la cárcel a su hermano y puso en jaque a su familia. Por
si algo faltara, alguien mató a su hermano Enrique y hasta la
fecha nadie nos explica. Éste es el historial más bien triste
de un Presidente mexicano que comenzó bien, luego le regresó el
poder a la Iglesia y, a partir de esta inmensa tontería, todo
se le desgobernó: la sucesión, Chiapas, la macroeconomía, todo.
¿Y a este político inepto es al que le tenemos mucho miedo?. Yo
no, pero ustedes, para usar un lugar falaz y común, son muy libres.
Mañana les cuento lo de Cuba que es una shulada.
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