¿Y Felipe?
Ni hacemos, ni decimos
lo que queremos. Hacemos y decimos lo que podemos. Esta
afirmación tiene muchos niveles. Hay casos, tristes casos, de
indefensión cultural, educativa e intelectual en los que balbuceamos
lo poquito que podemos. Hay casos también de gente que está en
uso de la palabra, que cree que dice lo que quiere y no se da
cuenta de todas las mordazas que
su clase social, sus compromisos, sus temores le imponen. No lo
sabe, pero también hace y dice lo que puede.
Creo que este asunto daría para un libro que no pretendo escribir
hoy (ni nunca). Me interesa el caso de Felipe
Calderón y me interesa indagar algo en una pregunta que
podría plantearse así: ¿quién está hablando cuando habla Felipe
Calderón?.
La pregunta no es ociosa. Recordemos las difíciles condiciones
de Felipe para llegar al poder. Les expongo un caso: Elba Esther
Gordillo. Según el libro “2 de julio” de Carlos Tello (Ed. Planeta),
la inenarrable maestra dio a sus huestes esta línea electoral:
en el Legislativo voten PANAL, en el Ejecutivo voten Azul o el
que prefieran. Según las encuestas, la gente
de la Gordillo le dio a AMLO entre 700 y 800 mil votos y a Felipe
500 mil. Con ésos y sólo con ésos pudo Calderón ganar la
elección. Ya me dirán ustedes si en la actual voz de Calderón
no están la Gordillo, y la Iglesia católica y los Estados Unidos,
y las grandes y medianas empresas del país y el gran capital y
Vicente Fox y todos los que obraron el milagro de rescatar a Calderón
del fondo de las encuestas y llevarlo a una situación de competencia
igualitaria.
Ya ganó Felipe. Ahora es tiempo de cobrar.
No niego que pueda haber ciertas iniciativas y cierto estilo
que son propios de Felipe, pero su voz no
es libre; está atravesada por los reclamos de cada una de estas
voces que patrocinaron su magra victoria.
En muchos ámbitos tendrá que mostrar Calderón su destreza política;
el primero de ellos será en el que se libre la batalla por adquirir
su propia voz. No se ve fácil la tarea; pero apenas está empezando.
Hacia el segundo año sabremos si lo logró, o se quedó como mero
portavoz de otros intereses.
Por el bien de México queremos oír la voz
de Felipe y no la de sus patrocinadores.
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