¡Me Vale!
Es viernes y la única respuesta posible cuando
nos piden que tomemos posición frente a tal o cual tema, o frente
a algún grave problema de la galaxia, es: ¡me vale!. Es
lo más sano que podemos hacer.
Y miren que este fin de semana trae su calambre político. El domingo
en esa sucursal del Parque Jurásico que
es el edificio del PRI tendremos la elección de presidente del
partido. Se trata de un asunto ambivalente. En principio estamos
hablando de un partiducho decrépito
y de tercera que, en las próximas elecciones, ya se conformará
con superar en número de votos, al doctor
Simi. Es decir, se trata de un asunto menor entre gente
menor. Pero no es nada más esto. También se trata de la elección
de un personaje clave para destrabar el futuro de México. Veamos:
Felipe Calderón tiene ya delineada con precisión una estrategia
de gobierno que por fuerza incluye las reformas que Fox dejó en
el tintero y que, sin embargo, son indispensables para que las
compuertas del futuro se abran para nosotros. Ahora bien, para
llevar esto adelante, Calderón necesita de mayoría en
el Legislativo y ésta no se la puede ofrecer su partido.
No queda más que la interlocución y el avenimiento. Ni soñar con
buscar esto en el PRD (y no estoy
haciendo precisamente un elogio del PRD); así las cosas, sólo
queda buscar la negociación con el PRI. Ésta necesita nombre y
apellido que exactamente corresponden a quien resulte electo como
presidente del dinosáurico conglomerado.
Por esto es importante la elección del domingo; lo que se estará
eligiendo será el interlocutor natural de Calderón.
Pero ¡atención, amiguitos!, nosotros
no fuimos invitados a esta elección; tampoco lo fueron las bases
priístas. Esto será una elección de los grandes señores, es decir,
de los gobernadores y de unas cuantas gargantas grandes del que
fuera el partido indiscutible. Insisto:
a nosotros no nos invitaron; por lo mismo, podemos responder
tranquilamente: ¡me vale!.
Lectora lector querido, mi mejor deseo es que este fin de semana
todo les valga menos el amor, la cercanía, su gente, el mundo
que pueden éstos reinaugurar si nosotros ofrecemos concentración
y cercanía; si nosotros podemos decirle a todo lo demás:
¡me vale!.
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