Día De La Bandera
He tenido un sábado de muchísimos ajetreos;
sin embargo, no olvido que hoy es Día
de la Bandera. Quizá porque no me
lo inculcaron ni en mi casa, ni en la escuela, yo por mi cuenta,
desarrollé un gran amor por ese visible símbolo civil de México;
ese colorido recordatorio de que somos nación y de que, aunque
somos de muchos colores, estamos y estaremos juntos mientras
sobreviva mi bandera. La quiero mucho.
Me molesta profundamente, me ofende personalmente ver a mi bandera
convertida en símbolo de un deporte-negocio
en manos de Televisa y de TV Azteca. Y esto poco o nada tiene
que ver con el hecho de que jueguen bien alguna vez y mal muchas
otras. Éste no es mi asunto. Lo que percibo es como una profanación,
una trivialización y una transformación del símbolo de mi patria
en moneda de cambio. Juega México y las tribunas se llenan de
bigotones panzones y encervezados
que están vestidos con un grotesco jorongo que reproduce a la
bandera y veo también cómo toman las banderas y se envuelven en
ellas como si fueran horrendas capas y, en fin, hacen con ella
cuanto se les ocurre para desacralizarla y meterla a fuerzas al
mercado, la compraventa y el chachareo. No me parece. Una comunidad
que le pierde el respeto a sus indispensables símbolos está condenada
a disgregarse y a perderse. Diputados y senadores que dicen trabajar
tanto por nosotros, ya podrían haber legislado para que
dejen a la bandera en paz.
Para mí es una emoción mayúscula ir por el Periférico de sur a
norte y ahí en el Campo Marte, distante,
libre, lejana, entera y orgullosa, ver a mi bandera que se suelta
al viento y nos avisa que aquí seguimos y que de aquí somos.
Otra emoción muy grande es contemplar ahí en el Zócalo las ceremonias
de izamiento y de arreamiento de bandera. En esos lugares está
muy bien nuestra bandera. En una pelea de box, o en la futbolera
embriaguez no tiene nada qué hacer.
No faltará quien me diga que mis opiniones son obsoletas, que
ahora son los tiempos de esa levedad que no se siente obligada
a rendirle respeto a nada, ni a nadie. Disiento. Para los que
todavía pensamos es tiempo de resistir esta ola de estupidez,
comercialización, ruido y aborregamiento de las manipulables multitudes.
En tu día, yo te saludo, bandera mexicana y te envío mi amor
entero.
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