EL OTRO LABERINTO: Con cierta tardanza, Vicente
Fox decidió volver sobre sus pasos. Tras mucho
desgaste de su capital político, cada vez más
escaso, vino a darse cuenta de que se había metido (¿lo
habían metido?) en un laberinto. Sus instrucciones (¿quién
se las habrá dado?) eran perseguir y aniquilar a un minotauro
tabasqueño particularmente elusivo y con enorme capacidad
para arremeter contra su perseguidor. La prensa internacional
(la nacional no la lee) y la manifestación
popular le hicieron entender que su empeño no
tan sólo era vano, sino que, tal como estaban las cosas,
el minotauro llevaba todas las de ganar.
Teseo Fox se detuvo bruscamente
(los que lo venían siguiendo se fueron todos de bruces),
pidió las cámaras de televisión y le habló
al país. Resultado: salieron Macedo
de la Concha y todo su equipo, incluido el misterioso
Vega Seminge; el expediente será revisado (apuesto a
que encontrarán “inconsistencias”)
y el minotauro López estará en las boletas de
2006.
¿Qué sigue ahora?: pues sigue otro laberinto esta
vez más solitario para Teseo Fox
y más cargado de minotauros. Están los minotauritos
del PAN: Creel, Calderón,
los otros precandidatos y los diputados panistas que fueron
empinados a votar por el desafuero y a ofrendar su honra (escasona)
en este afán. Están los diputados del PRI
que también fueron llevados al baile y al final de esta
nueva aventura, a Teseo Fox se
le vendrá encima un minotaurote priista y también
tabasqueño, tramposo y resabiado: Roberto
Madrazo.
La bronca no ha terminado, nada más cambió de
sede.