Lectura Dominical
Lo que me dispongo a contarte, lectora lector
querido, es meramente una experiencia personal que no tiene por
qué adquirir condición de principio universal,
aunque tampoco tiene por qué no.
El caso es que yo soy de sueño difícil en general, pero los domingos
mi sueño es particularmente complicado y pedregoso. No entendía
yo muy bien por qué precisamente en esa noche del domingo al lunes
me asaltaban las pesadillas a lo
largo de todas esas horas que supuestamente había que consagrar
al descanso.
No había descanso posible si a lo único que mi espíritu se dedicaba
era a ir de un horror a otro. Tan
intenso era esto, que el resto de la semana me la pasaba yo cavilando
a qué podría atribuirse este espanto dominical.
Semanas, meses y años pensé en esto. Una tarde de domingo llegó
la revelación: la culpa era del “Proceso”, o mejor dicho de la
lectura de “Proceso”. En esta respetable revista se acumulan tantos
males, tantas contrahechuras y tantas injusticias que la
conciencia no puede menos que quedar afectadísima. Que conste
que no estoy desaconsejando la lectura de esta publicación que
ha sido tan útil para México; lo que estoy
desaconsejando es que se lea en domingo por la tarde. Queda
uno como loquito y nada más no hay manera de dormir en paz.
Lo único que puedo decir es que mi sueño dominical ha mejorado
notablemente desde que evito “Proceso” y leo
poesía o narrativa de humor. Todo cambia y la noche resulta
transitable.
Si hay alguien en mi situación, lo autorizo a que aplique mi fórmula
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