Debajo de la Cama
De unos años para acá, la televisión mundial
ha creado un nuevo modo de atormentar y
de exprimir al televidente cada vez más descerebrado. Se
trata de los llamados “infomerciales” y
las infoporquerías que ahí ofrecen. Se trata de un verdadero
despliegue de las inutilidades que
un ser humano puede adquirir: fajas tipo armadura de las Cruzadas
en las cuales las gordis se tienen
que embutir con infinitos trabajos y estrangulamientos de la circulación;
y esto es de entrada, la salida es a puros
jalones. El drama culmina cuando la jamoncito que se puso
el “Body” está tirada en una cama boqueando como huachinango
fuera del agua.
Para el hombre y su estética también ofrecen maravillas los infomerciales.
Tenemos el aparato que es siete aparatos en uno, siempre y cuando
pueda el comprador armar y darle forma a ese enredijo de resortes,
tiras de acero, pedazos de cuero, barras en tensión, abrazaderas,
manijas y sillas móviles. El infomercial no lo dice, pero
esta tarea ocupa de dos a tres años durante los cuales
no son siete, sino 70 los ejercicios que se han hecho con la única
finalidad de armar la porquería esa, en la que, por supuesto,
nadie quiere sentarse ante el terror de
que se chispen los resortes y el atleta tenga una muerte horrible.
Y este aparato es uno de tantos que se ofrecen por televisión.
Los hay de todas las formas, para todas las zonas musculosas que
necesitan desarrollo. Para mayor información, quédense
a ver tele en la alta noche y contemplen este desfile de
insensateces.
Una cosa en común tienen todos estos aparatos y artilugios que
la TV ofrece: todos caben debajo de la cama.
Me encantaría conocer a uno de estos obsesivos que todo compra
y me gustaría observar la forma que ha ido adoptando su cama.
Supongo que para dormir ya necesita una
escalera.
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