La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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Sopita de Pollo

Una semana; llevo una semana entera enfermo de la panza. En tales condiciones y después de tomar medicinas repulsivas y los alimentos más horrendos e insípidos, creo que es un mínimo acto de justicia rendir un vibrante homenaje al caldo de pollo y arrocitos que lo acompañan. Creo que sin él, no hubiera yo sobrevivido. El caldito de pollo es legal, sabe a lo que sabe aunque sepa a poco, admite la redención que significan unas gotitas de limón y cumple sin distracciones su tarea de reconstruir con cariño, sabiduría y ternura ese sistema digestivo que acaba de explotar. A punto de ser dado de alta, entono hoy las loas de este platillo sencillo y maravilloso. Bendito sea Dios que le dio al hombre esa iluminación que lo llevó a crear la sopita de pollo.

Y así como la gastronomía le brinda a los caídos en el deber el infinito y salutífero consuelo del caldito de pollo, la vida también nos ofrece la cercanía de seres que nos resultan igualmente saludables. Toda la gracia reside en saber distinguir a la persona –pollito, pues si bien existen, muchas veces no se pueden distinguir entre tantos seres nocivos cuya vida por desgracia incide con la nuestra. A ustedes les consta que hay personas que son como tacos de tripa, otros son unos hígados encebollados, muchos más resultan malos e indigestos guisos y sólo unos cuantos y cuantas son personas-pollito quienes sin conflicto, con paciencia y con ternura nos traen de regreso a la vida. Son personas amorosas, abullonadas, suavecitas. Benditas sean también ellas; porque gracias a ellas la salud regresa y la vida recupera su imperio. Que así sea.


Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.

5/03/2007

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