Al Vuelo
Como ya es costumbre, estoy
trepado en un avión. Es miércoles por la tarde y volaré
de regreso el jueves por la mañana.
Me gustan estas breves permanencias en las alturas. Te crean la
ilusión de que lo miras todo de una
manera más abarcadora, más amplia y menos punzante. Ya dije que
es una pura ilusión, pero ayuda a entender
la vida, a acomodarla y a darle un sentido quizá fugaz,
pero consolador.
Había quedado de contarles mi experiencia como espectador del
Pumas-Chivas.
El Bucles y su Charro Negro estuvimos instalados en el lugar que
la Rectoría muy gentilmente nos ha
otorgado en el palco del Rector. Comenzaba el juego cuando tuve
la oportunidad de saludar a Juan Ramón
con el cariño de siempre. A él lo veo todavía lastimado y todavía
llevando luto por AMLO. Yo diría que
habría ya que pasar esa página y concentrarse en su último año
en la Rectoría. Un torero antiguo dijo:
lo bien toreao es lo bien arrematao. En fin, cada quien
teje su propia cobija con los hilachos que se va encontrando.
Pero volvamos al partido, amigos aficionados. A mí en
general me pareció horroroso. El segundo tiempo un poquito
menos que el primero, pero de cualquier manera hay un aviso ciertamente
ingrato al vivir la experiencia de ver el sábado el trepidante
Barcelona-Real
Madrid y regresar el domingo al futbol huizachero
y ratonero de Pumas y Chivas y de América y Cruz Azul.
Las consecuencias de lo que uno ve, van
mucho más allá del futbol y te hacen pensar en una raza temerosa,
aterrada parejamente por el triunfo y por la derrota, incapaz
de apasionarse y decirse ¡voy con todo y hasta donde tope, lo
importante no es ganar, sino desearlo con toda el alma!.
Cuando los mexicanos seamos capaces de asumir y sostener una actitud
así, entonces la nación emprenderá el vuelo.
Mientras tanto, yo individualmente vuelo, pero voy nomás
a Monterrey y habré de regresar a la Ciudad
que yo más quiero. |