La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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El Cuetero

Triste destino el de Vicente Fox. Tal parece que estuviera condenado a siempre quedar mal. Si hace porque hace; si no hace porque no hace; si emprende, o festina, o apoya una acción y luego se da cuenta de que al tomar ese rumbo está poniendo en peligro la precaria estabilidad del país y decide retractarse y arrancar en la dirección totalmente contraria; si aguanta hasta la ignominia a un colaborador, o lo cesa de drástica manera; si besa a su esposa o no la besa; si responde o si no responde… de todas maneras corre la suerte del cuetero y siempre queda mal.

Casos como éste suelen producir en la sociedad mexicana mucha y muy solidaria compasión por el fabricante de los cuetes. Yo también le entraría, pero me detendría un buen rato a estudiar la personalidad de ese señor que se dedica a fabricar cuetes. No siempre es culpa de los asistentes a la feria. Hay veces en las que el cuetero es caudalosamente inepto para ejercer esa profesión y, si así fuera, tendría que dejar los cuetes por la paz y dedicarse a un oficio más tranquilo y honorable y menos riesgoso y demandante como es el robo a casas habitación (en esta tarea, ¿quién te molesta?, no me vayas a decir que Bátiz porque me gana la risa).

El asunto se complica más cuando se da el caso de que el cuetero es Presidente de la República (se vería francamente mal que robara casas habitación). En este caso, es ineludible analizar la actitud y la destreza del detonador artífice. Veamos.

En política hay una regla de oro que es casi un lugar común: las cosas hay que hacerlas en tiempo y forma. Si no cumples con este elemental principio, puedes externar la mejor iniciativa del mundo; si no la planteas en su tiempo, no resultará en nada (el cuete se ceba y todo mundo te chiflará); si no lo haces respetando las debidas formas, crearás tal estrépito que el resultado será peor que aquello que pretendías remediar (el cuete truena, espanta a todo el mundo y, en este caso, no te llevarás chiflidos; sino chiflidos, mentadas, botellazos y lo que los feriantes se sirvan mandarte).

Reflexiona, ciberlector ciberlectora querida, en lo que ocurre con el cuetero que asignamos a Los Pinos, que cada decisión que toma ni está en tiempo, ni está en forma. Fox decidió promover el desafuero de AMLO y se le cebó el cuete; volvió sobre sus pasos, veladamente pidió perdón, arrulló al Pejecito (ya pachó, ya pachó) y el tronido del cuete va a alcanzar hasta el infinito y más allá. Mañana seguimos platicando.




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