La historia de Antonio Machado es una triste historia. Él
transitó del sosiego poético y de pronto se convirtió
en víctima de la brutalidad bélica y política.
Murió solitario en Collure, un insignificante pueblito
francés cercano a la frontera con España,
con su España.
Su destino parecía ser el olvido. Venturosamente apareció
otro poeta llamado Joan Manuel Serrat que, además de
poeta, es músico y hombre generoso y decente. Serrat
tomó un puñado de poemas
de Machado, los musicalizó, nos los regaló y son
tan hermosos que se quedaron a vivir con nosotros
(“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla…”).
Mucha obra hay de Machado que no está disuelta en la
voz de Serrat. Te regalo, ciberlectora
ciberlector querido, dos poemas brevísimos para
que vivan contigo en este fin de semana.
“Despacito y buena letra/ porque el hacer bien las cosas/
importa más que el hacerlas.” No requiere mayor
comentario. Amigos míos: no acepten el torbellino de
la vida actual, tómense su tiempo, piensen y sientan
las cosas y esmérense en hacerlas bien. Éste es
un umbral de la felicidad. Ayuda a amar
y a dormir bien.
“En el corazón tenía/ la espina de una pasión/
logré arrancarme la espina/ ya no siento el corazón.”
Amigos míos: muéranse en la pasión, pero
no permitan que se les muera la pasión. Sólo vive
el que vive apasionadamente. Como decimos en México:
corazón apasionado, disimula tu
tristeza. Que su corazón no se pierda.
Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.