La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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A Toda Madre

En efecto, estos renglones los quiero dirigir a toda madre y les quiero decir que, más allá de ese calambre biológico que pone en marcha el mecanismo de la maternidad, está la larga, quizá interminable, tarea de cumplir los altos mandatos inherentes a la condición materna: protección, nutrición, ternura, cauce para la vida, educación para saber vivir, defensa ante las infinitas amenazas, generosidad que puede ser heroica para, llegado el momento, concederle al hijo su pleno estatuto de libertad.

Supongo que esto es parte fundamental de la condición humana. El tigre sabe desde siempre que es irremediablemente tigre, ningún esfuerzo tiene que hacer para serlo. El hombre, en cambio, necesita de toda una vida para adquirir o perder la dignidad y condición de hombre.

De igual manera, las madres de los humanos están muy lejos de cumplir y de agotar sus tareas con la concepción y el alumbramiento. Aquí apenas comienza el finísimo trabajo de escultura, pintura y caligrafía implícito en los afanes de una madre. No hay divorcio posible entre una madre y su hijo; tampoco es recomendable la cercanía perpetua. Por eso se requiere de tanto pulso, tanta lucidez, tanta ternura y generosidad para ser madre. Con otra agravante: jamás le pidan a sus hijos e hijas una recompensa por las laboriosas tareas de su madre. La única forma honorable de pago es que esas hijas e hijos procedan de igual manera con sus descendientes. Si obligan a sus hijos a desatender el futuro y a voltear hacia el pasado, los convertirán en estatuas de sal.

El día de la madre fue el resultado de una sucia conspiración entre un periódico y el gobierno para sofocar los primeros brotes de legítima insurgencia femenil. A varias décadas de distancia, las activas madres de hoy tienen la obligación de cargar de un nuevo sentido esta celebración.

La mujer tiene hoy múltiples tareas. Una de ellas, la irrenunciable, la urgente, la prioritaria, sigue siendo la de ser plenamente madres de aquellos hijos que han aceptado tener. A las que así se cumplen, las felicito y felicito por igual las que han reconocido que la maternidad biológica no es lo suyo, aunque conserven como bien me consta, su maternal instinto de ternura, apoyo y comprensión.

Felicidades para todas mis madres. Son a toda madre.

 



¡Háblenme!

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