Con motivo del consternante asunto de la última mensada
proferida por Vicente Fox en la
cual logró (y no es poco mérito) poner del asco
a los negros (la escoria) y a los migrantes (la escoria
de la escoria), he decidido solicitar con carácter
de urgente el puesto de vocero presidencial.
Si no me lo conceden de inmediato, ya ni caso tiene.
Pero si los altísimos poderes me dan su beneplácito,
nomás llego, dejo mis contados triques y cito a una urgente
conferencia de prensa. En ella no pretendería explicar
lo inexplicable y justificar lo indefendible. Todo eso es acumular
baba.
No. Lo que haría yo sería pedir silencio, exigir
que no me hagan las consabidas preguntas estúpidas que
hacen los reporteros para “tener la nota” y, logrado
esto, hablaría de la siguiente manera: quiero
anunciar que, como suele suceder, el Presidente se apendejó,
tuvo un cólico cerebral cuyos resultados aún están
en los oídos de ustedes. A cualquiera que pretende hablar
por hablar y responderlo todo y defender a su gabinete y a su
señora y hasta a los hijos de su señora,
le ocurre esto con alarmante frecuencia.
En vista de tan tóxica emisión de pendejadas,
nuestro Primer Mandatario se ha comprometido ante Madero y ante
Norberto a no volver a abrir la boca hasta que esté en
su recámara del Rancho San Cristóbal y pueda mentarle
la madre a gusto a Doña Marta
que, a criterio de la religión católica que ellos
respetablemente profesan, es su actual concubina.
Ahí en el rancho, sí se va a soltar. Ya a campo
abierto y sin gemir bajo el yugo de la Presidencia,
las susodichas pendejadas se disipan
y no le hacen mal a nadie. Ahí sí, si quiere hablar
mal de los afganos, muy su pinche gusto. Mientras tanto, silencio
y sólo silencio. Con esto termina mi comunicado. No acepto
preguntas que suelen ser tan pendejas
como las declaraciones presidenciales. Que tengan buen día,
señores de los medios.
Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.