Este lunes a temprana hora, el Presidente
Vicente Fox nos iluminó con su verbo siempre inspirado
y se puso enteramente drástico. Nos avisó, para
que luego no digamos que no sabíamos, que la violencia
se ha incrementado en todo el país.
He de decirte, ciberlector ciberlectora
querida, que a mí, habitante de la Ciudad de México,
la noticia me sorprendió inmensamente. No sé por
qué me había dado el síndrome Bátiz
y suponía que los asaltos, los asesinatos, los robos,
los secuestros y toda la ominosa condición de la ciudad,
eran algo natural. Digamos que eran parte del paisaje urbano
como lo son el Xitle, el devastado
Ajusco y Chapultepec
que amenaza con renacer.
Pues resulta que no. Pues resulta que tenemos derecho a vivir
en paz y que nuestros impuestos no son para la campaña
de Quique Peña Nieto “El
Niño Tricolor”; sino para darnos protección,
seguridad y auxilio oportuno.
Todo esto no lo sabríamos si no nos lo hubiera dicho
el Presidente. Lo malo es que lo
dijo y acto seguido realizó un bello, mexicanísimo
y mágico truco para sacarse la responsabilidad de encima.
La violencia va en aumento, él quisiera enfrentarla como
héroe medieval, pero el perverso Congreso
no le aprueba las nuevas leyes que serían sus armas y
sus herramientas para rifársela con los malosos.
Ni modo que se presente encuerado a la pelea. Dicho de mejor
y más mexicana manera: yo no fui, fue Teté.
Teté ya respondió.
Nuestros ilustres Legisladores,
doctorados todos ellos en inutilidad y falta de ética
y de patriotismo, dijeron que sí, en efecto, se han tardado
un poquito en aprobar esas reformas; pero éstas, de cualquier
modo, no servirían para mucho.
Todos sabemos que el Congreso se ha impuesto la tarea de bloquear
cuanta iniciativa venga de Los Pinos y cuya aprobación
pudiera ser vista como un logro de Fox.
Sólo aprueban las que pueden ser vendidas como logro
del Congreso (¡Por México!).
Pero también todos sabemos de la caudalosa incapacidad
de Fox, de su gabinete, de sus
legisladores adictos (a él, no a la mota) y de sus operadores
para negociar de mejor manera con esa punta de mulas que pasta
en San Lázaro.
En resumen: la violencia va en aumento. ¿De quién
es la culpa?. No es del Ejecutivo, ni del Legislativo. Es de
los delincuentes y de los ciudadanos que somos tan babas como
para dejarnos secuestrar, asaltar y asesinar.
Fin de la investigación: Teté somos los
ratones y nosotros.
Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.