Pues cuando todo mundo la hacía viviendo en esa lejanísima
galaxia llamada San Diego (es cosa sabida que cualquier
maestro, si sabe ahorrar, tiene derecho a una casona en California),
la princesa Leia Organa Gordillo reapareció
cual centella caída de los cielos (rasos) y se presentó
en el mismísimo cuartel de las fuerzas oscuras y tricolores.
Nomás llegó y desenvainó su espada láser
y su polvera con Resistol triturado. De veras que Robertico
Madrazo va de sofocón en sofocón. Primero
le hicieron la jugarreta del desdesafuero y, cuando parecía
que ya estaba aplacando a las bestias del Dinotucom,
surge de la nada Elba Ben Kenobi.
Todos a temblar y los jardineros para atrás. Ya llegó
la que andaba ausente y ésa no consiente nada. Nomás
llegó y dijo: no me voy de la Secretaría del Partido
para la que fui electa democráticamente (joy,
joy) y no me voy y no me voy y háganle como quieran;
los Sith del Magisterio andan pero
bien calientes, así es que tú dices, Robertico,
a qué horas nos aventamos esa sopita.
Los mariachis callaron. Nadie ha dado pie con bola. Algunos
“voceros” (cargo devaluadísimo) del PRI declararon
que lo de Elba Esther lo dejan para después (o despuecito,
como decimos los mexicanos). Eso dicen ellos. Falta lo que tiene
que decir Elba Ben Kenobi quien
no me da la impresión que se haya dejado venir para que
la formen en la cola, o para comprar esos huauzontles
que no hay en San Diego.
Poco vivirá el que no vea que la Profa vino a meterse
de lleno y pa’pronto a los cocolazos. Viene en plan de
soldadera (aunque ya ha de estar toda soldada) a defender su
vasta y magisterial parcela.
¿Me dejan para después?, ¡después,
mis patas (de gallo)!.
Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.