La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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De Nuevo En La Legua


Aquí tienen de nuevo a su afrocharro.

Estoy correteando la chuleta en compañía de mi aguerrido batallón melódico-erótico. Ya estuvimos en Torreón y obtuvimos, en las dos funciones que nos chutamos, un aceptable éxito. Torreón es una ciudad laboriosa, esforzada, tranquila.

La gente no se percibe muy preocupada por el reloj de López Obrador. Con buen tino (que tendríamos que evitar en la capital) los laguneros prefieren trabajar y vivir su propia vida y no la de los políticos.

En 1959, viví yo en Torreón. En ese año conocí la serena, quizá reticente pero generosa hospitalidad de la gente de la Laguna.

Mi único contratiempo memorable fue la peladez y falta de visión política de una méndiga escuincla de la localidad que tajantemente se negó a concederme acceso a sus íntimos encantos. Allá ella, dije yo a modo de consuelo.

Allá yo, pienso ahora que han pasado 46 años.

Para eso viaja uno, para recoger los recuerdos desperdigados, para recuperar jirones de memoria y para vivir nuevas emociones que velozmente se transforman en nuevos recuerdos.

Aquí me tienen, en la carretera que va de Torreón a Monterrey. Es domingo y estoy cansado. Trabajar en días así es pecado mortal.

De hecho, el méndigo calor es ya un anticipo del infierno que nos estamos ganando. Mientras tú, lectora lector querido, te dispones a entregarte a los delirios futbolísticos que muy probablemente culminarán con la temporal coronación del equipo más odioso y más mamón del mundo; Acá tus babosos estarán dando ¡dos funciones, dos! en el regiomontano teatro del Seguro Social.

Mi ilusión es que asistan las viudas y viudos de la naka pasión futbolera.

Por lo pronto, la carretera es infinita pero aburrida. El cariño que les envío también es infinito.

Un recado de última hora para el ciberlector Villa Villalobos. Él es su conmovedora inocencia supone que esta cibernética columna es muy seria y académica y así, según el, es un verdadero sacrilegio colorear algunas palabras

Y permitirse licencias tipográficas.

Estimado señor Villa Villalobos: no sea usted mamila. Yo he escrito y escribiré desgraciadamente muchos ensayos y reflexiones académicas; pero no es el caso de esta columna.

Aquí de lo que se trata es de echar desmadre y de ser tan vertiginosamente nakos y multicolores como la vida mexicana. Le envió un abrazo y un beso en la boca.

Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.

 



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