Asomarse a los diarios, ver los noticieros, escuchar las pocas
noticias que hay en la radio; todo esto está minando
nuestra de por sí frágil estabilidad emocional.
Por cada noticia graciosa o emocionante como pudo ser la imagen
de la guapísima Miss México
2005, nos tenemos que chutar carretadas de tenebra, de
sinrazones y de locuras. Desde la inteligencia del Chapo a los
refritos de Fox.
En televisión esto es todavía más grave.
Los conductores supuestamente tienen instrucciones de no editorializar
y, aunque lo hacen de modos sesgados, el tiempo no les da para
mucho. Con tal motivo, tienen que distribuir,
como quien distribuye raciones escasas, las cinco noticias más
o menos relevantes del día y esto lo tienen que hacer
a lo largo de casi una hora.
En épocas así es cuando se da uno cuenta que la
tarea de los informadores electrónicos y casi de los
informadores en general consiste en rellenar
espacios con lo que sea para separar un bloque de
comerciales y propaganda del siguiente. A eso se dedican y con
tal motivo le conceden el honor de la reproducción electrónica
a asuntos tan irrelevantes como un concurso de coros de secundaria
(todos cantaban horrible el ingrato Himno
Nacional), o la detallada entrevista con un señor
al que le faltan dos dedos y a quien sus vecinos, de modo anónimo,
acusan de todas las iniquidades acontecidas o por acontecer
en la República. Al pobre ya lo traen con la mirada extraviada,
pues igual le cae un operativo por acopio de armas, que otro
por esconder debajo de su suegra dos toneladas de cocaína,
o por preparar un operativo para liberar al Chapito
que salió inteligentísimo como su papá.
Esto y más tenemos que ver, que oír y que leer.
Entiendo la desesperación del televidente medio. Y no
hay mucho que hacer. Ni modo que traicione yo a mi oficio
y les diga que apliquen la receta de Fox y no lean periódicos,
ni se asomen a las noticias de este mundo.
Lo que yo puedo proponerles es un sano distanciamiento. Lean,
oigan y vean lo que buenamente puedan aguantar; pero háganlo
con una fundamental falta de concernimiento (se conjuga como
“discernir”). Hagan de cuenta que están recibiendo
noticias de otro imperio que nada tiene que ver con ese México
que disfrutamos y padecemos todos los días.
Una vez que sientan que su dosis ha sido suficiente, apaguen
ese interruptor, enciendan el cerebro
y lean algún libro seductor. También pueden
dormir y soñar con un mundo sin Chapos, sin Martas y
sin Madrazos.
Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.