La Plaza del Angel
.
.
.
.
 
  La Encuesta del Angel
A cuantos salarios mínimos asciendo su ingreso mensual?

menos de 4 veces

menos de 10 veces

mas de 10 veces

 
 
..
 

Opiniones Al Vapor


Vas a decir, ciberlectora ciberlector querido, que en términos de la velocidad y el tiempo real que este medio facilitan, acá tu Cibercharro está llegando con años luz de retraso a muchos de los acontecimientos que modifican, leve o severamente, el perfil de nuestra actualidad.

A modo de explicación, aventuro que hay acontecimientos acerca de los cuales no podemos emitir una opinión hasta que éstos se empozan en el alma y precisan del examen que la conciencia pueda hacer de ellos. Con frecuencia se abre una brecha entre lo que ves y lo que puedes opinar acerca de lo que estás viendo.

Les doy dos ejemplos ilustres de lo que estoy tratando de decir. El protagonista del primero es Carlos Monsiváis. Alejandro G. Iñárritu alguna vez nos invitó a una función privada de “Amores Perros”. La película transcurrió, se encendieron las luces y con toda justicia, el director nos pidió nuestra opinión. La crema de la intelectualidad ahí reunida expresó diversas opiniones. Sólo dos invitados permanecieron silenciosos: Monsiváis y su Charro Negro. Yo aduje que necesitaba algún tiempo para asimilar lo que había visto, para poder darle una opinión razonable. Monsiváis fue más drástico pues dijo: yo todavía no me repongo de la muerte de la mamá de Bambi, así es que me voy a tardar un poco más que Germán.

En el segundo ejemplo, estamos de nuevo los opinadores de Angora reunidos en una lujosa casa sanangelina propiedad de Televisa. La empresota nos ha reunido para plantearnos su proyecto de rematar el noticiero nocturno con la alternada y fugaz intervención de nosotros en una sección que se titulará “En la opinión de…”. El tema será libre, nuestra opinión no será censurada, ni dirigida, pero tendrá que referirse de un modo u otro a algún tema de actualidad. Después de la exposición, fuimos interrogados acerca de nuestra voluntad de participar o no en tal proyecto. De nuevo todos opinaron (y como ya habrán visto, si aun conservan su devoción por L. Dóriga, todos accedieron); salvo dos que permanecimos en silencio. A las tantas, yo opiné que no le entraba, porque sentía que nos iban a usar para lavarle la cara a una empresa intensamente tiznada. Por su cuenta, Alejandro Rossi, un filósofo que también permaneció mudo, comentó que él tampoco participaría porque se declaraba incapaz de opinar acerca de la actualidad; de hecho, apenas estaba tratando infructuosamente de entender la caída de Bizancio y la Batalla de Lepanto.

Como verás, ciberlectora ciberlector querido, no siempre se puede opinar al botepronto.

Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.

 


Regresar al Índice