Vas a decir, ciberlectora ciberlector
querido, que en términos de la velocidad y el
tiempo real que este medio facilitan, acá tu Cibercharro
está llegando con años luz de retraso a muchos
de los acontecimientos que modifican, leve o severamente, el
perfil de nuestra actualidad.
A modo de explicación, aventuro que hay acontecimientos
acerca de los cuales no podemos emitir una opinión hasta
que éstos se empozan en el alma y precisan del examen
que la conciencia pueda hacer de ellos. Con frecuencia
se abre una brecha entre lo que ves y lo que puedes opinar acerca
de lo que estás viendo.
Les doy dos ejemplos ilustres de lo que estoy tratando de decir.
El protagonista del primero es Carlos Monsiváis. Alejandro
G. Iñárritu alguna vez nos invitó a una
función privada de “Amores
Perros”. La película transcurrió,
se encendieron las luces y con toda justicia, el director nos
pidió nuestra opinión. La crema de la intelectualidad
ahí reunida expresó diversas opiniones. Sólo
dos invitados permanecieron silenciosos: Monsiváis
y su Charro Negro. Yo aduje que necesitaba algún tiempo
para asimilar lo que había visto, para poder darle una
opinión razonable. Monsiváis
fue más drástico pues dijo: yo todavía
no me repongo de la muerte de la mamá de Bambi, así
es que me voy a tardar un poco más que Germán.
En el segundo ejemplo, estamos de nuevo los opinadores de Angora
reunidos en una lujosa casa sanangelina propiedad de Televisa.
La empresota nos ha reunido para plantearnos su proyecto de
rematar el noticiero nocturno con la alternada y fugaz intervención
de nosotros en una sección que se titulará “En
la opinión de…”. El tema será libre,
nuestra opinión no será censurada, ni dirigida,
pero tendrá que referirse de un modo u otro a algún
tema de actualidad. Después de la exposición,
fuimos interrogados acerca de nuestra voluntad de participar
o no en tal proyecto. De nuevo todos opinaron (y como ya habrán
visto, si aun conservan su devoción por L. Dóriga,
todos accedieron); salvo dos que permanecimos en silencio. A
las tantas, yo opiné que no le entraba, porque sentía
que nos iban a usar para lavarle la cara a una empresa intensamente
tiznada. Por su cuenta, Alejandro Rossi, un filósofo
que también permaneció mudo, comentó que
él tampoco participaría porque se declaraba incapaz
de opinar acerca de la actualidad; de hecho, apenas estaba tratando
infructuosamente de entender la caída de Bizancio y la
Batalla de Lepanto.
Como verás, ciberlectora ciberlector
querido, no siempre se puede opinar al botepronto.
Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.