De entrada, una nota tristísima. Adolfo Aguilar Zinser
fue mi alumno, mi amigo, mi compañero periodístico
y, en muchas tareas, mi cómplice. Fue un fervoroso amante
de México y de su naturaleza física y moral. Su
gesto en el Consejo de Seguridad de la ONU, le garantizan la
agradecida memoria de los mexicanos. No fue poca cosa habernos
librado, contra viento y marea, de participar en una de las
guerras más estúpidas que se recuerden.
Ahora Adolfo ha muerto, pero en muchos de nosotros permanece
su inteligente amor por nuestro país.
Me dicen que Fox, que lo corrió
de mala manera por decir que éramos el patio de atrás
de Estados Unidos, se ha presentado
en el velorio de Adolfo a hacer una “guardia de honor”.
Resulta, por lo menos, paradójico que ahora el Presidente
manifieste su duelo por ese mexicano cuyos delitos fueron llevar
a Fox a la Presidencia y hablar con toda claridad a nombre
de nuestro país.
En efecto, es una paradoja enorme que quien vele con “honores”
a Adolfo sea un señor que ya se volvió loco y
que cada vez que abre la boca y habla inevitablemente a nombre
de México diga
puras sinrazones. Antes las espaciaba más, pero
ahora va a tiro por viaje. Habla y la Patria se agrieta, retiembla
en sus centros la tierra y los beisbolistas abandonan el campo.
Es urgente que Fox se calle. Le queda todavía
año y medio. Exijo la inmediata presencia de un ginecólogo
que le ligue la trompa.
Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.