Nuestra capacidad (¡y la del PRI!) para convertir en broncón
cualquier bronquita y para sobredimensionar cualquier incidente
es enorme y es altamente lesiva para el país. Nos perdemos
en detallitos estúpidos y no le entramos a los verdaderos
retos que hace cerca de 25 años ya tendríamos
que haber enfrentado, si es que queremos
inaugurar un futuro promisorio para México.
En lugar de hacer esto, nos perdemos en infinitas discusiones
acerca del reloj de AMLO, las faldas
amponas de Fox y las pelotas del
Edodemex.
El esférico asunto amenaza con convertirse en un litigio
interminable. Desde donde yo veo las cosas y tal como las veo,
encontraría muy explicable que dos niños se pelearan
por una pelota. Ocurre a cada instante. Pero que dos candidatos
a Gobernador, uno bello, tricolor, mamilón
e intensito y el otro declaradamente feo, blanquiazul, igualmente
mamilón y absolutamente fuera de foco (esto sin
descartar la convicción que ya tiene de que va a perder
las elecciones), vengan a la plaza pública a
pegar de alaridos porque les robaron sus pelotas, es no tan
sólo ridículo, sino desalentador en tanto nos
da el perfil de la madurez (?) de nuestros políticos.
Son funcionarios de chisguete,
infantiloides, provincianitos en el peor de los sentidos y rematadamente
estúpidos.
Son de no creerse las declaraciones de Mendoza
Ayala quien, con total impudor, muestra toda su fealdad
(¡y deja lo feo!, lo vulgar y baboso) en los medios
donde, plantándose frente a cámaras y micrófonos,
farfulla explicaciones como de borracho corriente para intentar
justificar su lamentable insensatez.
En la otra esquina, el niño tricolor
hace el papel de la parte que, si bien está ofendida,
se apega al “marco de la legalidad” para denunciar
el robo de sus pelotas y exigir la devolución inmediata
de tan estratégicos adminículos.
Mientras tanto, México sigue en vilo y encrespado por
los grandes problemas que nadie resuelve y por la infinita inmadurez
y falta de visión de Estado y de patriotismo de todos
éstos a quienes les pagamos un sueldo para que se peleen
por unas pelotas, o canten las alabanzas de las faldas de su
insoportable señora.
Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.