Como ya habrás percibido, lectora lector querido, los
políticos han declarado abierta
la temporada de caza. Hay tres tiradores principales
y cerca de 20 aficionados que merodean sueltos, a la espera
de que haya una o varias bajas, para de inmediato hacerse presentes
y convencernos de que ellos son lo que México
esperaba.
No nos engañemos: está comenzando la madre de
todas las batallas. De ella sólo conoceremos sus facetas
más visibles, pero como suele ser la maldita costumbre
de nuestros políticos, procurarán que no conozcamos
de todos sus cochupos y arreglos
y pactos y alianzas y ofrecimientos y financiamientos y compromisos
que ocurrirán todos ellos en lo oscurito y por debajo
del agua. Si nosotros ciudadanos tomáramos la debida
distancia y pudiéramos ver con frialdad a los políticos,
percibiríamos que conforman un artístico
grupo de seres harto desconfiables, ratoneros, esquineros, maleables,
comprables y mamones.
Sin embargo, con estos bueyes hay que arar y, por el momento,
es extremadamente urgente que nosotros los ciudadanos pintemos
nuestra raya, no permitamos que nos salpiquen la sangre
o el lodo y que jamás, jamás,
perdamos de vista que nuestra agenda, nuestros afanes y nuestros
gozos del día con día, no tienen por qué
ajustarse a los frenéticos calendarios de estos enloquecidos
del poder (llegarán y te dirán: a mí el
poder por el poder no me interesa en absoluto. Mienten). Nuestra
vida necesita tener otra cadencia. Dejemos a estos locos ventilar
sus pasiones, sus agravios y sus ambiciones. Ya tendremos tiempo
de platicar con los sobrevivientes. Lo nuestro, dirían
los mayas, es la cuenta larga; lo que tenemos que hacer día
con día para inventarnos un futuro habitable para nosotros
y para los nuestros. Dejemos a los políticos en su Coliseo,
nosotros, como dice Miguel Hernández,
vayamos de nuestro corazón a sus asuntos.
Y les digo algo peor. Yo ya sé quién es el seguro
ganador. Si tomamos en cuenta esos estudios que nos dicen que,
en nuestros tiempos, el factor más influyente para ganar
(entre 70 y 80 por ciento) es la propaganda televisiva, ya podemos
adelantar que el gran ganador se llama Televisa.
A esto se haya reducida nuestra democracia: ¿quién
será el candidato ganador?... el que más salga
en la tele.
Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.