La Plaza del Angel
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Clausuremos Gobernación


En otras latitudes, esta dependencia es conocida como Ministerio del Interior, nosotros la llamamos Secretaría de Gobernación. En ambos casos se trata supuestamente de una estratégica extensión del Poder Ejecutivo de un país cuya finalidad es mantener la paz interior de un Estado mediante la conciliación de los intereses, muchas veces encontrados, de los diversos grupos de poder que pugnan por imponerse y por imponer sus criterios en el interior de ese Estado. En teoría, se trata pues de un ámbito de conciliación y avenimiento que debe ser mantenido y protegido por una autoridad firme, patriótica y sin más sesgo que el que le imponga el bien común por encima de los intereses particulares. Esto debe ser en teoría. En la práctica mexicana, la Secretaría de Gobernación ha carecido siempre de estas características.

Durante el largo reinado del PRI, la SEGOB fue un espacio de terror, espionaje, amedrentamiento y control legal y extralegal de todos aquellos que atentaran en contra de los que arbitrariamente eran designados los “Intereses del Estado” que era una expresión que servía como membrete y antifaz de los casi siempre inconfesables apetitos de la camarilla que detentaba el poder.

Aunque con ganas y posibilidad de levantarse, el PRI cayó en el año 2000 y de las primeras cosas que nos anunciaron en el supuesto “gobierno del cambio” estuvo el ofrecimiento de que ahora sí tendríamos una verdadera Secretaría de Gobernación. Como titular de ella y precedido por una magnífica reputación, llegó Santiago Creel, una persona conocida y reconocida como ciudadano ponderado y democrático y como político pulcro y conciliador. Llegó a Gobernación y se encontró un desastre. Al parecer, el PRI no tuvo tiempo (quizá nunca imaginó la derrota) de desmontar todo su aparato policial, coercitivo, intrusivo y extralegal. Según me contó alguna vez Adolfo Aguilar Zínser, el famoso CISEN (“Inteligencia Nacional”) no era más que una red bestial de espionaje telefónico que no pudo ser disuelta y que, a la fecha, sigue operando para el que mejor le pague. Esto es solamente una muestra. En todos los demás rubros, los resultados fueron similares: los antiguos métodos no fueron desmontados sino dejados fuera de control y no surgieron nuevos modos de verdadero avenimiento político, ni de gobernabilidad. Los que alguna duda tenían, con Atenco supieron que en SEGOB no había verdadera autoridad, sino una extensión de la cautela entre prudente y cobarde de Vicente Fox. Pronto la Secretaría de Gobernación comenzó a ser conocida como la Secretaría de la Conversación. Creel se dedicaba a invitar a platicar y a tomar cafecito y a no resolver nada a aquellos que supuestamente tenía que desactivar o mantener a raya.

Finalmente se llegó la hora de que Creel, de la mano de Televisa, se fuera en pos de una Presidencia que se antoja (y se desea) inalcanzable. A mí absurdamente se me ocurrió que, con el 2006 en puerta, lo inteligente hubiera sido sustituir a Creel con algún ciudadano intachable, apartidista, inteligente y confiable para todos. Pensé en Woldenberg, o en Federico Reyes Heroles; pero Fox superó con mucho mis expectativas y llamó a Carlos Abascal.

No sé cómo pueda funcionar el otrora Secretario del Trabajo; pero les anticipo una imagen poco esperanzadora.

En la oficina de Creel, el Secretario tenía a sus espaldas y sobre su cabeza la fotografía del Presidente Fox y hacia su mano derecha, un óleo de Carlos María de Bustamante. Hoy todo es distinto: en lugar de la foto presidencial, está un enorme crucifijo y en lugar de Bustamante, una enorme Guadalupana. Si estas dos imágenes estuvieran en casa de Abascal, nadie tendría derecho a objetar nada (como no fuera la señora Abascal); pero en la Secretaría de Gobernación resulta sectaria, facciosa, contraria al laicismo y altamente discriminatoria la presencia de tales imágenes.

México no merece tamañas mocherías. Por esto me propongo recomendar que cerremos la SEGOB.

Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.



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