Bernard Malamud escribió una bellísima novela con este título.
Esa novela fue luego llevada al cine y estelarizada por Alan
Bates quien, por aquellos tiempos, estaba en la plenitud de
su talento y su prestancia física. Todos estos datos no sirven
para nada, porque yo de lo que hoy quiero hablarte, ciberlector
ciberlectora querida, es de la visita que actualmente está haciendo
Vicente Fox a la antigua Unión Soviética.
No es por echarle más lumbre al fuego, ni por patear al caído,
pero tengo la impresión de que nuestro
tenue Presidente tiene ciertos problemas de ubicación
y de oportunidad geográficas. Me explico. Cuando está en México,
le concede preferencia a los medios y a los temas que conciernen
a otros países y cuando sale de gira, se dedica a hablar de
nosotros desde los lugares más lejanos y ajenos a lo que nos
ocurre.
Vicente Fox acaba de estar en Kiev
y los medios, quizá por cortesía, quizá por verdadero interés,
le pidieron un comunicado. Con esa celeridad que tantos disgustos
le ha acarreado, nuestro Presidente agarró por su cuenta el
micrófono, se aclaró la voz y dijo que nada le daría
más felicidad que el ver cómo todos los que escuchaban sus palabras,
expresadas con la pedregosa gramática que ya le conocemos, acudieran
jubilosos y exultantes a la concentración del 2 de julio. Así
dijo.
Procedamos ahora a tratar de imaginar al habitante medio de
Kiev (¿cómo les dirán?, ¿kievotecas?, ¿kieveños?, ¿kievotas?)
que ha escuchado la cálida y sincera invitación del Presidente
de México. ¿Estará pensando en venir?, ¿ya se habrá dado a la
tarea de averiguar dónde quedan la Ciudad de México y el Ángel
de la Independencia?, ¿ya sabrá en qué estación del Metrobús
se tiene que bajar para confluir con Reforma?.
Al paso que vamos, adivino un escenario absolutamente surrealista:
el Ángel de la Independencia estará rodeado por el gabinete
de Fox (lo que queda de él), por once panistas extraviados y
por 15 mil habitantes de Kiev que gritarán alborozados y no
tanto porque sepan cuál es la razón de su júbilo, sino porque
han sido sometidos a un benéfico tratamiento con vodka Jimador.
Mexicanos todos y conciudadanos capitalinos: dispongámonos a
recibir a la populosa delegación de kievenses que nos acompañará
a las celebraciones del 2 de julio. Traten de explicarles
que si ellos no saben qué estamos celebrando, no hay problema,
porque nosotros tampoco sabemos.