Faltan unos cuantos días para las elecciones que renovarán la
gubernatura del Estado de México. Todos sabemos que el Edomex
es, por el dinero que ahí se maneja y por la densidad de su
población en edad y disposición de votar, una pieza clave para
los comicios presidenciales de 2006. Se trata, por decirlo así,
de un laboratorio, una prueba piloto de lo que habrá de ocurrir
dentro de un año.
Por esto, precisamente por esto, me encuentro tan sobresaltado.
Para el 2006, el panorama es desolador: ninguno de los tres
posibles candidatos que, según todo lo indica, aparecerán en
la boleta presidencial ofrecen garantías confiables de que podría
ser un aceptable Presidente del México de hoy y del México del
mañana. Esto que se preveé para el año que entra tiene en el
Edomex un cabal cumplimiento. El próximo domingo, los mexiquenses
también tendrán que escoger entre el pinto, el colorado y la
pirada. Veamos.
El PRI y en particular Arturo Montiel han invertido una cantidad
escandalosa de millones para inventarle una imagen de estadista
a un jovencito de buena presencia y de hablar articulado; estas
dos son sus virtudes, todo lo demás son carencias, inmadureces
e invenciones propagandísticas. Todo indica que Peña Nieto “el
niño tricolor” ganará estas elecciones y si lo hace, nos demostrará
que en la moderna democracia mexicana, más allá de la presencia
o ausencia de dones políticos, el que gana es el que más sale
en la tele y el que más se anuncia en las carreteras y en los
estadios. Esta lección es tristísima.
Mendoza Ayala, el candidato panista, comenzó con una importante
ventaja a su favor en las encuestas de intención de voto. Todo
lo perdió a base de estupideces, mentiras, actos circenses y
fallida explotación de su fealdad. A última hora declara que
si es derrotado, será porque el PRI rebasó sus topes de campaña
y esto no será cierto. Por supuesto que el tricolor gastó muchísimo
más de lo permitido, pero la explicación de la derrota del panista
reside en que éste, además de gastar también más allá de lo
establecido por la ley, rebasó sus topes de estulticia, inmadurez
y frivolidad. Sin ánimos de ofender o exagerar, Mendoza Ayala
está loco.
Y si de locuras hablamos, comparece Yeidkol Polenvsky y le vende
a los noticieros televisivos la peregrina noticia de que su
presencia está rodeada de “rods”, unos pululantes gusanitos
amarillos y voladores que son como espermatozoides gigantes
nacidos de las vibraciones y la fuerza que, según sus “asesores
y comunicadores” está con esta dañadísima mujer.
En resumen, los mexiquenses, después de esta contienda insensata,
dilapidadora y constelada de pelotas robadas y gusanos voladores,
tendrán que escoger a su gobernador entre una tercia de locos.
Desventurado asunto y más desventurado será en el 2006 cuando
tengamos que escoger a nuestro Presidente entre los tres locos
que la boleta nos ofrecerá. ¡Ayoyanó!.