La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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¿Hay Algo Que Celebrar?


Para variar, ya armamos otro follón. Ahora el motivo es la celebratoria y pública reunión que “alguien” quiere organizar el 2 de julio en el Ángel de la Independencia y, de ser posible, en todo centro cívico de las ciudades mexicanas.

Este es un caso maravilloso en el que se conjuntan una propuesta mal hecha y una respuesta contrahecha. Hasta donde yo, y muchos más, tenemos entendido el de la idea y el de la primera invitación fue Vicente Fox que, como es su terrible costumbre, no tuvo el aseo de deslindar clara y plenamente que se trataba de un acto que celebraría exclusivamente un triunfo innegable de la democracia y la civilidad mexicanas, sino que decidió encimarle el festejo de su cumpleaños que no tendría por qué celebrarse en un altar de la patria y de adosarle también su aniversario de bodas que, ése sí, no tendría por qué celebrarse en ninguna parte. De manera bastante previsible, todo mundo brincó ante la oferta de este merengue y entonces comenzó el meneo. Fox, o su sufridísimo vocero, salieron a decir que ellos no eran los de la fiesta, que ellos nada más eran invitados, pero que la convocatoria había salido de los cuarteles del PAN.

La jerarquía panista, siempre solidaria, anunció que ella ni noticia tenía de la pachanga, que si los invitaban, con mucho gusto asistirían, pero que todo había salido de Los Pinos. O sea, encueraron a su Presidente, aunque tuvieron el buen detalle de decir que si los convidaban, pues muy probablemente se animarían a ir (tan lindos ellos).

No terminó ahí el jaripeo. El PRI, ¿cuándo no?, saltó a la palestra y anunció que la famosa reunión era un puerco y extemporáneo acto electoral pues tendría lugar exactamente un día antes de las elecciones del Edomex que tan caras les han salido y que no permitirían un acto de apoyo tan ilegal y tan tardío al señor de las pelotas (como si alguien todavía pudiera apoyarlo y salvarlo de la muerte súbita a la que él solito se condenó). En todas estas averiguaciones se nos han ido dos semanas que han sido como un torneo de sinrazones y de absurdos. Todo mundo ha externado su opinión y todos han encontrado algún medio que recoja sus profundas reflexiones acerca de tan importante materia.

Los únicos que no hemos sido consultados somos los ciudadanos, los de a pata, los que no tenemos militancia partidista, los que trabajamos diario, los que tenemos un profundo y callado amor por nuestro país. A nombre de ellos, me atrevo a decir que el 2 de julio hay sobrado motivo para celebrar. No fue poca cosa terminar con la corrupta hegemonía tricolor; no fue poca cosa lograrlo a través de las urnas; no fue poca cosa poner de acuerdo a tantos mexicanos de tan diversas cataduras, etnias e ideologías de modo que todos empujáramos en la misma dirección y lográramos asestarle un lanzazo al costado de la bestia que llevaba tantos años confinándonos al terror, no fue poca cosa lograr todo esto con civilidad y con alegría. Tampoco fue poca cosa abrir y hacer posible el juego de la alternancia que nos permite ahora, si es que estamos profundamente en desacuerdo con el gobierno de Fox, pensar en elegir a otro de otro partido para que cumpla mejor nuestros mandatos.

Todo esto se logró el 2 de julio. No hay que ser un gran politólogo para entender por qué el PRI dice que no hay nada que celebrar; pero nosotros los que no somos tricolores, por supuesto que tenemos muchos y justificados motivos para celebrar, aunque nuestra fiesta no incluya ni cumpleaños, ni celebraciones de boda. Si algún error hay en todo esto, es que haya sido Fox el convocante. Tendríamos que haber sido nosotros, o la sarta de mochos inútiles que ahora encabezan al PAN. Sea como fuere, su Charro Negro se congratula, festeja y agradece la nada desdeñable hazaña conseguida por el candidato Fox y por el pueblo mexicano.

Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.



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