Pocas imágenes más conmovedoras y gratas para la imaginación
mexicana que aquélla que se cifra, dicen los expertos nahuatlatos,
en el nombre de Cuauhtémoc: águila que
cae. Nada más de imaginar la altivez y bravura de un
águila que por algún implacable golpe del destino cae vencida,
cualquier mexicano siente estremecimientos del alma, identificación
plena y unas inmensas ganas de llorar. Todos somos Cuauhtémoc,
musitan los aztecas, mientras que con rara humildad aceptan
ser al mismo tiempo maravillosos y derrotados… palabras más,
palabras menos, esto fue lo que dije por el radio, a propósito
de nuestra vocación de derrota, hace algunos meses.
El programa prosiguió y, como en él tenemos teléfono y correo
electrónico abiertos a la participación del público, en algún
momento llegó el comunicado de un personaje que se firmaba algo
así como Axayácatl Tepostehui Gutiérrez.
Don Axa estaba francamente molesto porque había yo tomado a
chunga a Cuauhtémoc y al hacerlo había demostrado yo mi falta
de mexicanidad y mi desconocimiento de la lengua náhuatl; porque
si bien, añadía don Axayácatl, Cuauhtémoc quiere decir águila
que cae, en la lengua de nuestros antepasados hay un matiz que
yo, en mi infinita ignorancia había pasado por alto: Cuauhtémoc
es águila que cae, pero no cae de golpe, sino así como planeando.
Toda esta sabia lección la olvidé detalladamente, pero hoy,
miércoles 6 de julio, al conocer la renuncia de Cuauhtémoc
Cárdenas al PRD, la he recordado enterita y diré por
qué. ¿Qué ha ocurrido hoy con Cuauhtémoc?, ¿ya cayó de puro
costalazo, o está como planeando?.
Si a mí me lo preguntan y si tomamos en cuenta la obsesiva tozudez
de la esfingita de Jiquilpan, tendríamos
que inclinarnos por la segunda opción; es decir, se trata de
un movimiento planeado que, por una parte, busca alborotar enérgicamente
al gallinero perredista de modo
que se sacuda la monarquía absoluta de Andrés Manuel
I y reabra un espacio para que Cárdenas pudiera eventualmente
contender con alguna posibilidad de éxito (misma que ahora no
existe) por la candidatura perredista a la elección de 2006.
Si este movimiento fallara, Cuauhtémoc puede (o cree poder)
optar por buscar su postulación por cuenta de otro partido (quizá
Convergencia). En fin, todas éstas son especulaciones
al bote pronto, pero una cosa sí es segura: esta águila de que
planea, planea.