La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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Estamos Bien Mal


Advierto que los mexicanos no alcanzamos a percibir la locura semántica en la que incurrimos cuando decimos que esto o aquello, o éste o aquél, están bien mal. Si tomamos distancia, la expresión es absurda, pero ante ese supremo tribunal que es el habla cotidiana, los aztecas entendemos perfectamente lo que estamos queriendo decir y es por esto que sin el menor remordimiento he dicho en el título de nuestra (tuya y mía; no te vayas a creer que ya me dio por el “nos” mayestático) columna de hoy. En verdad, ciberlectora, ciberlector querido, en México estamos bien mal.

México está postrado y no acaba de encontrar el modo de ponerse de pie, influir en el presente y provocar un futuro más justo y más feliz. Muchos son los males que nos tienen así. Percibo que el peor de ellos es la corrupción, la maldita corrupción que nos ahoga y a todas horas nos invita a volvernos parte de ella.

Un infame talamontes corrompe a la autoridad, la hace socia de su negocio y ya los dos juntos corrompen a los campesinos; resultado: un bosque desaparece y en su lugar quedan un baldío desolado y una comunidad pervertida; México pierde. Una empresa extranjera manifiesta su intención de invertir en México; aparecen los coyotes que exigen su mordida para obtener las infinitas licencias y permisos para instalarse; la empresa cambia de intención y decide buscar otro país que tenga una legalidad confiable; resultado: México pierde. Una ciudadana desea con todo apego a derecho obtener un pasaporte para que viaje su hija que es menor de edad; aparecen los funcionaritos que veladamente avisan que sin dinero de por medio, el trámite puede ser eterno; resultado: México pierde; los especuladores se adueñan de terrenos, de playas (el caso de Huatulco, como bien lo expone Leonardo de Jandra, es una infamia); cambian a su gusto usos de suelo y el respeto que supuestamente deberían merecer las zonas históricas; ellos están decididos a construir condominios, hoteles, centros comerciales, casas de apuestas y, en un futuro para ellos feliz, casinos; lograr esto implica una inmensa cadena de corrupciones y de complicidades con las autoridades; por supuesto que lo logran; resultado: México pierde; llega el narco y corrompe todo; resultado: México se pierde.

Tú y yo tenemos miles de historias que contar para ilustrar la omnipresencia entre nosotros de la corrupción. Es la historia de nunca acabar. De nada sirve escandalizarnos, ni suponer que se trata exclusivamente de un problema moral. Tal como están las cosas, esto ya se ha vuelto un asunto de supervivencia, de gobernabilidad y de viabilidad de nuestro país. La corrupción va matando una por una nuestras esperanzas. Es una enfermedad progresiva y mortal. En el mundo globalizado, los países tomados por la corrupción resultan disfuncionales, desconfiables y de futuro cada vez más dudoso. En estrictos términos de economía, las pérdidas de un país corrupto son inmensas e incuantificables.

México está bien mal. ¿Quién puede salvarnos?; respuesta: nosotros, sólo nosotros, los ciudadanos si logramos unirnos, tenernos confianza, hacer valer la decencia y rescatar a una nación que está secuestrada por los corruptos. Hay que dar la pelea. México merece estar bien bien.

Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.


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