La Plaza del Angel
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Sigo Con Los Libros


Estábamos tú y yo, lectora lector querido, tratando de escrutar el destino que le espera a los libros y a las letras impresas en general.

Te escribo ahora desde París donde estoy pasando unas vacaciones no sé si merecidas, pero impostergables para la recuperación de mis menguadas fuerzas físicas, morales y emocionales. Este viaje durará un mes y durante él pretendo planchar varias ciudades europeas. He traído conmigo varios libros y aquí en la capital de Francia, he podido comprobar que los libros gozan de cabal salud y están en manos de muchísimas personas que en el Metro o en los parques, leen con atenta fruición.

Estuches de la memoria, llamó Borges a los libros; “con pocos pero doctos libros juntos/estoy en conversación con los difuntos/en músicos callados contrapuntos.” decía Don Francisco de Quevedo. Toda esta era, este modo de conocimiento y de recuperación constante de nuestros múltiples pasados comenzó en la Edad Media cuando un ilustre monje tomó un manuscrito y, para sorpresa y escándalo de todos, lo leyó en absoluto silencio. Aquí comenzó la lectura como acto personal, íntimo e individual. Hasta entonces los manuscritos sólo existían para ser proclamados; a partir del momento ya reseñado se transformó en acto de edificación y gozo internos. La aparición de Gutenberg y su invento fue sólo cuestión de tiempo. No es casual que la imprenta haya surgido en la época en que se fortaleció y se instaló el concepto de propiedad privada. Bien mirado, nuestra propiedad privada más indiscutible es la del libro que estamos leyendo o que ya leímos y ya hemos incorporado a nuestro ser. Ésta es nuestra tradición. Resulta difícil imaginar que esto que han llamado la galaxia Gutenberg esté en trance de extinción.

Entiendo que todo lo que digo no es objetivo ni imparcial, pues responde a mis años de vida, mi entrenamiento, mi formación y mi modo de entender al mundo. Yo no puedo vivir sin estos objetos secretamente vivos que son portadores de pensamientos, pasiones, aventuras, sabiduría, destinos, músicas verbales, abismos y misterios. Todo esto y más hay en un libro.

Precisamente en un libro titulado “Perfiles del sonido” escrito por mi amigo Héctor Vasconcelos, éste se pregunta si no ha llegado el momento de la desaparición de la música clásica, de los grandes ejecutantes y de los disfrutadotes devotos de todo esto. No lo sé, aunque queda claro que toda una época y un modo de entender y de transmitir la cultura está llegando a su fin. Tal parece que la inmensa ola levantada por las revoluciones tecnológicas y cibernéticas transformará radicalmente al mundo. Este mismo comunicado y la lectura que tú estás haciendo de él ya no pasan por el grato papel y la ya prescindible tinta. Si esto prosigue, seremos los lectores de libros animales en extinción. Tomemos dos libros amados y extingámonos con elegancia.

Luego le seguimos. Gracias por visitar esta Plaza.


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