Yo no lo digo así, con esas palabras; pero mi secretaria la
Rosachiva que tiene una pasión
senil por AMLO así se expresa. Como ustedes saben, yo no estoy
actualmente en el país, de hecho, en el momento de redactar
estos renglones me encuentro en Berlín
intentando conocer los que muchos consideran que habrá de ser
la capital del siglo XXI. Me encuentro aquí, en esta ciudad
que, a reserva de lo que le depare el futuro, no logra
todavía superar su pasado inmediato tan lleno de horror y de
crímenes contra la humanidad.
Hasta acá llegan, por el teléfono y por la red, noticias de
las reiteradas despedidas del Jefe de
Gobierno del DF a quien ya tarde se le hace para meterse
de lleno a esa carrera presidencial que siempre fue su objetivo
real. En esto creo que reside una de las claves del desigual
desempeño de AMLO como alcalde del DF, pues este cargo jamás
implicó para él un compromiso último y definitivo; se trató
simplemente de una etapa que había que cubrir con cierto aseo
en una carrera de alcance mucho más largo.
Andrés Manuel podrá decir lo que quiera, la Asamblea mayoritariamente
sumisa y servil con él podrá entonar todas las alabanzas que
quiera; pero la verdad es que la Capital del país no logró,
bajo el provisional gobierno de AMLO, resolver ninguno de sus
problemas centrales: seguridad, salud, educación, transporte,
vialidad y transparencia. En algunos renglones más, en otros
menos, pero en todos nos quedó a deber. Y que conste que ya
no es tan fácil echarle la culpa al PRI. El PRD
tiene ya suficientes años de control total sobre el DF como
para seguir culpando de todo a la administración tricolor. Ya
estuvo Cuauhtémoc y no hizo nada, ya estuvo Rosario e hizo como
que hacía y ya estuvo AMLO y apapachó a algunos viejitos, hizo
algo por el Centro Histórico en combinación con Slim, construyó
vialidades de relumbrón y dejó de hacer las ampliaciones del
Metro, los hospitales y las indispensables transformaciones
que requieren tanto la policía como el aparato mismo de justicia.
Se va AMLO sin explicarnos en qué consistieron sus
vínculos con personajes como René Bejarano y el mismo Ponce.
Las mafias que gobiernan al ambulantaje, a los sindicatos, al
crimen organizado en la ciudad siguen intactas. Los mecanismos
para transparentar el uso de nuestros dineros nunca quedaron
establecidos y, por decisión de la Asamblea, la auditoría sobre
el dinero destinado a obras públicas como el segundo piso sólo
podrá ser conocida en julio de 2006. Todo a modo y todo planeado
con oportunidad y con malevolencia.
En la época colonial, cuando un virrey terminaba su encomienda,
todavía tenía que permanecer durante un año en el lugar de su
mandato para entregar cuentas de todo. A esto se le llamaba
“juicio de residencia”. En nuestras épocas postmodernas, basta
con despedirse de los viejitos y con anunciar que todo queda
en orden, para disolver el vínculo y lanzarse a la única obsesión
que se ha tenido en la vida. Pues
que le vaya bien Don AMLO. Aquí se quedan sus babosos. Ojalá
y que le vaya bonito.