Patadas, Trompadas Y Jaloneos
Si los humanos, en este caso los mexicanos,
conserváramos aquel finísimo oído que alguna
vez tuvimos y pegáramos el oído a la tierra, estoy seguro
de que escucharíamos los golpes bajos, los caballazos, los empujones
y los mordiscos que se están propinando todos aquellos que ya
han manifestado su urgencia por ocupar la residencia de
Los Pinos y por cruzar su pecho con la banda presidencial.
La lucha es a muerte y sin cuartel. Tan salvaje se está poniendo
el asunto, que hace que, por comparación, el dedazo
sea recordado como un gesto profundo y civilizado. Y que conste
que no me refiero exclusivamente al PRI,
sino a todos los partidos que tienen, o creen tener, posibilidades
de ganar este premio único e indivisible.
Por supuesto que en el PRI, esta pelea es particularmente cruda
y despiadada. Creo que esto obedecería a varios motivos: el PRI
está entrenado para olvidarse de toda ética
y pelear por el poder de todas las maneras legales e ilegales
que estén a su alcance; en ausencia de esa mínima disciplina que
imponían la figura y el dedo presidencial, lo que impera ahí es
la ley de la selva; en el PRI, además, están convencidos de que
en el 2006 ganan porque ganan y esta
certeza del triunfo hace que la lucha sea más encarnizada y, por
si algo faltara, todos los cárteles importantes del narco en México
tienen sus representantes en esta batalla. Todo esto explica que
Montiel y Madrazo vayan a vencer
o a morir y que las otras fuerzas del PRI estén esperando con
enorme ilusión que se mueran los dos, para imponer alguna nueva
candidatura.
En el frente blanquiazul, tan decente
como se ve, también se han puesto fuertes los cocolazos. Felipe
Calderón no era la opción favorita
para los actuales habitantes de Los Pinos. Supuestamente el señalado
sería Santiago Creel que hoy atraviesa
por la extraña experiencia de estar muerto y de no darse por enterado.
Tan no se da, que en radio y televisión seguimos oyendo su convocatoria
para que los panistas, al darle su voto mayoritario, le permitan
“partirse el alma”. ¡Ya te la partieron!,
le tendría que decir algún alma caritativa. En fin, supongamos
que Felipe Calderón, para bien de todos, resulta el candidato
del PAN para el 2006. La pregunta siguiente sería: ¿en
verdad cree que puede ganar?, o ¿sólo se trata de recuperar la
muy panista tradición de perder con dignidad?. Yo
no tengo respuesta a esta disyuntiva. Espero que Felipe sí la
tenga, pero lo cierto es que el PAN nació como partido minoritario,
desperdició este sexenio que le hubiera permitido crecer y va
ahora al 2006 también como partido minoritario. Todo se cifra
pues en lo que Felipe como individuo pueda crear y convocar.
En el PRD reina el desgarriate acostumbrado.
Tal parece que para la disputa de la Presidencia y del DF, Andrés
Manuel tiene secuestrado al partido.
Las tribus refunfuñan, retoban, hacen grilla, pero al final del
día se cuadran con el único que les puede dar seguridad, según
ellos, de ganar la elección 2006. Es posible que en el DF vaya
a haber más ruido y también es posible que el fantasma de Cuauhtémoc
regrese de su tumba. Si lo hace, sólo logrará restarle votos a
AMLO, para regocijo de Madrazo.
El caso es que las aguas están muy turbias y en sus profundidades,
los tiburones están tirando dentelladas letales. Creo que lo que
le toca al ciudadano es tomar distancia,
esperar que concluya la masacre y ver qué hace con los sobrevivientes.
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