ROBERTO MADRAZO: La Irresistible Caída
Roberto Madrazo hace dos años era una opción
temible. Su control sobre el PRI
lucía férreo, las victorias tricolores en todo tipo de elecciones
se acumulaban y su disponibilidad de lo que ahora llaman el “voto
duro” de su partido parecía perfectamente controlada.
En ese hermoso cuento de hadas presidido por Robin Madrazo aparecieron
dos sapos (y ya con él, eran tres): Elba
Esther Gordillo y Arturo Montiel que le vinieron a alborotar
el charco violentamente. Lo más curioso de esta historia es que
el propio Roberto haya sido quien invocó a los demonios y quien
le dio de escobazos al avispero. Primero fue esa lépera y descomedida
polémica radiofónica con la Gordillo que no culminó, como todo
mundo esperaba, con la expulsión del partidazo de la
resurrecta zombi profesoral, sino con su confinamiento
en una suerte de limbo tricolor donde la profa ni está dentro,
ni está fuera, pero en todo caso, no deja de fregar.
El caso de Montiel es igual o peor. Madrazo festinó todos los
tejemanejes del TUCOM, celebró que eligieran por las buenas un
candidato a la Presidencia; lo obtuvieron, éste se puso en campaña
y entonces Madrazo se aterró y no encontró mejor remedio que ir
con López Dóriga y, de modo muy violento, descalificar legal y
moralmente a Montiel (para, semanas después, cobijarlo y defenderlo
de “las calumnias”).
De entonces para acá, Madrazo no ha hecho más que caer. Le
pesan la Gordillo, Montiel, el Góber precioso, René Juárez,
el descuacharrangue de su partido, la fuga de reos, el papá de
Madrazo, su esposa y hasta su apellido. La intención de voto desciende
lastimosamente. Madrazo ya renunció a su apellido, a su familia
y ha encontrado en el insulto frontal a AMLO su última posibilidad
de repunte. No le servirá. El problema está en casa. Su
partido y él mismo apestan.
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