¡Cállate, CHA-CHA-LA-CA!
De los tres candidatos que, sabiendo o no sabiendo,
quieren gobernarnos a partir de este año, el más enigmático y
por mucho es Andrés Manuel. Digamos que Madrazo es un villano
sin fisuras en su calidad de ser maligno; que Felipe es un pan
de Dios que no encuentra su estatura y AMLO es un misterio tropical.
De cuna pueblerina y humilde (circunstancias que mucho le han
ayudado a cultivar su imagen de reencarnación de Benito Juárez),
militante fragoroso del PRI tabasqueño que terminó asfixiándolo
(primera derrota), caminante infatigable y líder natural de todos
aquellos que están esperando que venga alguien y les diga por
dónde avanzar, candidato a la gubernatura de Tabasco que perdió
frente al aluvión de billetes que soltó Madrazo (segunda derrota),
imaginativo y carismático conductor de marchas épicas e inútiles,
discutible candidato al gobierno del DF, Jefe de Gobierno de esa
ciudad que, según él, es su mejor carta de presentación y ahora
candidato muy posiblemente vencedor a la Presidencia de México.
¿Quién es AMLO y qué quiere?.
Esta última pregunta es de respuesta muy ardua. Comencemos por
decir que su victoria, ni de lejos, es el triunfo de la izquierda
(o traten de ver en esa ideología a Manuel Camacho, a Bejarano,
a Padierna, a Monreal, a Ebrard, o al recién llegado Durazo);
si se da, será el triunfo de un extraño y extemporáneo mesianismo.
Esto no es broma. La capacidad de AMLO para seducir multitudes
es inmensa y nada tiene que ver con las ideologías. AMLO es visto
como el doble regreso de Quetzalcóatl y de Benito Juárez que ahora
sí vienen a salvarnos de nosotros mismos y a señalarnos el verdadero
rumbo.
No hay tiempo más perdido que el que se dedica a mostrarle los
peligros, los riesgos y las incoherencias de AMLO a alguno de
los cientos de miles de fanáticos que ya ingresaron a su iglesia.
Podrás decirles lo que quieras, podrán manifestarte su acuerdo,
pero al final de todo, te anuncian que van a votar por AMLO. Los
hay que lo dicen con encendido entusiasmo y los hay que te lo
dicen como una especie de resignación que ha decidido optar por
el “menos malo” (como si esto pudiera saberse ahora cuando los
candidatos ponen su mejor cara).
La Ciudad de México no ha resuelto ninguno de sus problemas y
ha adquirido una deuda inmensa. AMLO jamás quiso transparentar
las finanzas y las decisiones de su gobierno. Del mismo modo,
es la hora de que AMLO no nos ha explicado su romance totalmente
vigente con Bejarano, su vinculación con Ponce que manejaba sus
finanzas; tampoco nos ha explicado cómo o por qué en su campaña
está rodeado de desechos salinistas y de cadáveres del PRI. AMLO
ya se ha declarado vencedor. Alguna vez lo comenté ya: una buena
manera de ganar es autoproclamarte ganador desde el principio.
Yo asistiría con todas las reservas del caso a lo que resta de
las campañas y no comprometería mi voto tan tempranamente; pero
esto es lo que haría yo, tu, lectora lector querido, pueden hacer
lo que se les dé la gana.
Supongamos que AMLO gana. Hago una pregunta: ¿López Obrador aguantará
vara y crítica y ridiculización como ha aguantado Fox?. Me temo
que saldrá al balcón de Palacio Nacional y nos gritará a los que
disentimos, o exigimos cuentas: ¡cállense, cha-cha-la-cas!.
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