De Balazo
Lectora lector querido: espero que estés tan
encabritado como yo ante el manoseado asunto de la Ley
de Radio y Televisión. Me dicen que no es para tanto,
que ya deje de chachalaquear y que peor es nada. Pues no,
ni se me baja la bilis, ni pretendo callarme.
Supongamos, aunque es mucho suponer, que se tratara de una ley
francamente benéfica; yo digo que ni así nos resultaría aceptable
y esto por la sencilla razón de que, una vez más, nos ignoran
a los ciudadanos, nos tratan como a borregos y nos dicen que ni
nos metamos porque no vamos a entenderle (¿hubiera
sido mucha molestia intentar explicarnos?) y que todo lo
están haciendo por nuestro bien. Una vez más pretenden salvarnos
a pesar de nosotros y eso ya resulta intolerable. Incorporémonos
a la resistencia. En
este mismo portal encontrarás la manera de inscribirte en la Operación
¡Qué poca Ley!. Ya estuvo suave.
Pienso en esto de la Ley aprobada mediante billetazos, complicidades
y amenazas y vuelve a mí la imagen del gran Diego F. de Cevallos.
Ante ese espectáculo pude conocer mi yo profundo. Me explico:
veía yo a Diego con el saco convertido en tiliche y con las barbas
en remojo y mi yo cívico decía: ésas no son maneras, eso es pura
barbarie; pero entonces mi yo profundo decía con voz cavernosa:
¡sí, que lo encueren, que lo tuzen, que le jalen los pelitos del
pubis!. Concluyo que mi yo profundo es un
meganaco y que es mejor hacerle caso a mi yo cívico. Estamos
en resistencia y te necesitamos.
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