El Descenso de AMLO
La guerra de las encuestas ha entrado en fase
aguda. Cada uno de los tres candidatos viables a la Presidencia
2006-2012 tiene una o varias encuestas que le favorecen.
Hace algunos años, nadie hablaba aquí de encuestas.
Las pocas que se hacían no salían a la luz pública y eran habitualmente
sesgadas. Por su parte, los ciudadanos aztecas estábamos convencidos
de que el pueblo mexicano con su singular astucia y su enorme
capacidad para no decir la verdad, no podía ser objeto de encuestas,
pues los resultados serían enormemente distorsionados. Esta creencia,
que es parte de esa generalizada convicción de que Dios hizo aparte
y en calidad de piezas únicas y singulares a los mexicanos, tiende
a desaparecer. El tiempo nos ha mostrado que una encuesta aplicada
con profesionalismo produce resultados confiables
aquí y en Nairobi. Tengo entendido que AMLO no comparte
esta convicción, salvo cuando las encuestas le resultan favorables.
Con complot, o sin él, las últimas encuestas muestran que AMLO
ha perdido puntos en las preferencias electorales de los ciudadanos.
La reacción del candidato del Sol Azteca negando tal descenso
y descalificando las encuestas me parece infantil y poco útil
para su campaña.
El descenso de AMLO es real. Curiosamente no es atribuible al
esfuerzo ni al carisma de los otros dos candidatos. Es el propio
AMLO quien se está metiendo el pie a base de
cometer errores importantes que han puesto a la defensiva
a muchos de sus seguidores. Esa lista de errores incluye los siguientes:
el ataque grosero e inoportuno a la investidura presidencial (el
efecto chachalaca), el subirse al ring con
Vicente Fox que, por misteriosas razones, todavía goza
(y creo que es lo único que goza) de un alto grado de popularidad.
Otro error: negarse a participar en, por lo menos, dos debates;
como bien se lo ha recordado Madrazo, AMLO supuestamente estaba
dispuesto a debatir a cualquier hora. Otro asunto que ha desalentado
a los posibles votantes es el equipo del que se ha rodeado y la
disposición a recibir en su campaña a un grupo de seres que vienen
de hacer la peor política en otros partidos,
o con otras lealtades. Es ahora cuando AMLO está comenzando a
pagar la factura de no haberse deslindado a tiempo y con energía
de Bejarano, de Ponce y de todas esas alimañas que ahora ya se
sueñan ganadoras y ya están disputándose los puestos en el gabinete.
De estos traspiés, ni la Poniatowvska lo salva.
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