El Telemarcos
Mientras el ya fatigoso Subcomandante
acudía presto al llamado de Televisa (¿quién puede negarle
algo a Televisa si suyo es el reino, el poder y la gloria?),
en otro canal del mismo consorcio, Víctor Trujillo entrevistaba
a Porfirio Muñoz Ledo, el hombre
del discurso caudaloso e irrefrenable. Es tan teatrero Porfirio
que es muy difícil saber cuándo creerle, pero en esta ocasión
se manifestaba sinceramente escandalizado por el hecho de que
a un guerrillero que, en su momento, le declaró la guerra al Estado
mexicano y que, por lo mismo debería estar en la cárcel, se le
franquearan las puertas y la pantalla de un importante noticiero.
Bufaba y resoplaba Porfirio.
Creo que tenía razón. Sin embargo, nadie hoy puede dar una noticia
cierta de cuál es el status de Marcos frente a la justicia mexicana.
El inefable Camacho fue el que comenzó el enredijo y esto que
él tejió con Marcos, en lugar de irse aclarando con el paso de
¡12 años!, se ha vuelto con Cocopas y comisiones anexas,
un camote cósmico que ya nadie entiende. Por lo visto, la apuesta
era que Marcos iría desapareciendo por puro desgaste y olvido.
Todo parecía indicar que así sería, la llamada
“La otra campaña” se había convertido en el lastimoso peregrinar
de un circo avejentado y patético. Durante casi toda esta gira
a Marcos le ocurrió lo peor que podría ocurrirle en la vida: nadie
lo peló y los medios lo vieron pasar sin concederle mayor importancia.
¿Se imaginan a Marcos en estos mítines ralitos, sin convocatoria
y sin cobertura?. Así las cosas, ocurrió lo de Atenco
y el ímpetu revolucionario de Marcos se reanimó grandemente. La
verdad es que lo único que ha logrado es complicar más un asunto
muy grave y enormemente complejo. Los indígenas, los pobres, los
marginados de este mundo, en mi opinión, no le significan mayor
cosa al Subcomandante. Su asunto es, como el de cualquier
político, poder y protagonismo. Y no es que niegue la
verdad de ciertos señalamientos que hace Marcos; lo que sí digo
es que los ciudadanos ya lo sabíamos, ya estábamos movilizados
en contra de la brutalidad policíaca y ninguna falta nos hacía
que el Sub nos alertara.
Él ya volvió a donde quería estar: en las primeras planas y en
las más importantes pantallas. A ver qué le decimos a nuestros
hijos cuando nos pregunten por qué le damos tal
beligerancia al chamagoso y enmascarado gordito.
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