Ya es Miércoles
Ya es miércoles y todavía no vemos claro. Domingo
por la noche, el lunes y el martes fueron para Calderón tiempos
de regocijos y celebraciones anticipadas. Luego regresó a escena
Luis Carlos Ugalde, el irresponsable responsable de las elecciones
(ahí los ciudadanos nos comportamos de maravilla) y de la calificación
de éstas que corrió a cargo del gran Ugalde (a) Pericles Adams
y de sus consejeros.
Al parecer, ni Ugalde, ni sus corifeos se dieron cuenta de que
estaban manejando material delicadísimo, radioactivo y extremadamente
peligroso. Se trataba del futuro inmediato de nuestro país decidido
por todos nosotros, pero que por fuerza tenía que pasar por esa
instancia ciudadana que es el IFE. A Ugalde -y esto fue gravísimo-
se le ocurrieron dos cosas: le pareció que, como en el fondo,
seguimos siendo menores de edad, sería mejor no darnos resultados
porque estaban muy reñidos (a Ugalde ¿qué le importa?, nosotros
le pagamos para informarnos con claridad y oportunidad y no para
hacer diagnósticos prejuiciados e inoportunos acerca de nuestra
madurez o falta de ella. Por razones ignotas, el gran Ugalde pensó
que era mejor no decirnos -y esto fue todavía más grave- que en
esos resultados que no nos dio, no estaba contabilizando ¡dos
millones y medio de votos! que se dejaron de lado al provenir
de casillas impugnadas. Con esta leve omisión, Ugalde le abrió
la jaula a los demonios de la impugnación, el descontento y la
protesta de ambos bandos. Y ahora a ver en qué topa esta absurda
comedia de las equivocaciones que de ningún modo es achacable
a nosotros los ciudadanos, sino a esos babosos que conforman el
Consejo del IFE.
Como si la credibilidad en este país fuera poca cosa. Estamos
hablando de diez años de esfuerzo ciudadano para darle autonomía
y credibilidad a un instituto cuya tarea específica es garantizar
la limpieza de nuestras elecciones. Creo que el señor Ugalde todavía
no ha medido el tamaño del boquete que le hizo al IFE.
Ahora la misión imposible de Pericles Ugalde es restaurar esa
transparencia y esa credibilidad que son indispensables para la
institución que desgraciadamente preside.
¿Saben qué?, yo tengo 62 años, me gusta vivir, trabajar, disfrutar.
Éstos son mis afanes y a ellos voy. Cuando lleguen a un acuerdo,
me avisan para saber a quién hay que mentarle la madre.
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