Una lección del Estado de México
Los pasados comicios electorales en el Estado
de México, para la renovación de ayuntamientos y congreso local,
nos han dejado a un claro triunfador y, en consecuencia lógica,
varios perdedores. Y es que más allá de ser considerada ésta elección
local como un reflejo de la contienda presidencial, es decir,
como un pequeño laboratorio electoral en donde podemos darnos
una idea clara de las tendencias que se observaran el próximo
dos de julio; las pasadas elecciones del Estado de México nos
han dejado otro tipo de lecciones. Primero, ¿Quién ganó?
En términos generales el gran triunfador de los comicios fue AMLO
y el PRD, pues las 23 alcaldías que poseía se han convertido en
36, arrebatándole al PRI el municipio de Ecatepec –el más grande
en cuanto a densidad de votos- y manteniendo Nezahualcóyotl, de
esta manera el PRD estará gobernando a más del 50% de los mexiquenses.
En el congreso el PRD aumentó a 17 diputados de mayoría relativa,
de los 10 que poseía en 2003. Así, el PRD se ubica como la segunda
fuerza electoral en el Estado con un millón 58 mil 259 votos,
en contraste a los 937 mil alcanzados hace tres años.
Por su parte el PAN, no se desploma más bien se mantiene. Alcazo
25 alcaldías sólo y 3 en alianza; mantuvo su corredor azul (Naucalpan,
Tlalnepantla y Toluca) Así, a pesar de ser la tercera fuerza electoral
en el Estado con 925 mil 971 votos, el PAN ha logrado mantener
su votación histórica pues en 2003 obtuvo poco menos de 936 mil
votos. En promedio, Acción Nacional se ha mantenido sin grandes
cambios, y precisamente en esto radica el problema de Felipe Calderón,
su campaña no ha logrado repuntar.
Por último el PRI, sufrió un descalabro mayúsculo, aunque al final
de la jornada le salió barato el castigo. De los 68 municipios
que gobernaba sólo alcanzó a refrendar 53, perdió plazas importantes
que representan una gran cantidad de electores; y entre el 2005
y el 2006 la votación del PRI-PVEM bajó de 1.8 millones a 1.1
millones de votos. Sin embargo, la derrota del PRI no sólo fue
cuantitativa sino también cualitativa, pues sólo ganó 19 distritos
legislativos de los 24 obtenidos en 2003, de esta forma, el PRI
verá mermada su fuerza dentro del congreso local. No obstante,
el PRI se mantiene como la primera fuerza en el Estado con un
millón 186 mil 326 votos. Entonces ¿Qué paso?
La respuesta es simple: los mexiquenses no salieron a votar. Se
registró un nivel de votación de menos de 39%, por lo que pareciera
ser que el gran triunfador de las pasadas elecciones en el Estado
de México fue el Abstencionismo, mismo que beneficio al PRI. Paradójicamente,
la gente al querer castigar al partido del ex gobernador Arturo
Montiel y sus escándalos de corrupción se quedó en sus casas sin
ejercer su derecho al voto. La gente se mostró apática y en lugar
de castigar, perdonó. Entonces ¿cuál es la lección del Estado
de México?
En la etapa final de la campaña electoral, para Felipe y Madrazo,
el reto está en mostrar que alguno de ellos es capaz de vencer
a AMLO, en la medida en que alguno lo logré, estará en posición
de competir fuertemente contra el candidato perredista. Andrés
Manuel contra algún otro –Felipe o Madrazo-, es la disyuntiva.
Atacar al puntero emprendiendo una campaña negativa es el único
camino a seguir. He aquí el problema, éstos tres últimos meses
de campaña seremos testigos de un sinnúmero de descalificaciones;
las propuestas quedarán atrás, y sólo el insulto prevalecerá.
Los candidatos no tienen más remedio que atacar al primer lugar,
infundiendo el miedo o la calumnia, el objetivo es el mismo: Quitarle
puntos a Andrés Manuel. Nosotros –los ciudadanos- no tenemos más
remedio que seguir atentos a las campañas, y en vez de quedarnos
en nuestras casas esperando, perdonando y complaciendo a los políticos
de siempre, debemos de salir y elegir entre las alternativas.
Esto precisamente nos dejo el Estado de México, la gran lección
de los mexiquenses para todos nosotros será: Vota, elige al menos
malo si así lo deseas, pero no dejes de elegir, pues es la única
manera de castigar y exigir a nuestros gobernantes lo justo, lo
bueno, y el único camino que nos llevará a ese utópico bien
común que la sociedad anhela. Si no lo hacemos, no hay porque
quejarnos después. |