TLCAN: Más allá del mito
El primer minuto del día 1 de Enero del año 2003,
desde el puente internacional de Ciudad Juárez, un grupo de organizaciones
campesinas logró posicionar en la agenda nacional al campo mexicano
y denunciar su visible deterioro.
“Salvemos al campo para salvar a México” fue el lema de aquellas
movilizaciones campesinas; entre sus exigencias se encontraba
la renegociación del capítulo agrícola del TLCAN y la instrumentación
de una política integral de fomento agropecuario.
Hoy, a cinco años de distancia la realidad nos alcanzó y la situación
del campo en México es un foco rojo, peligroso y latente, que
amenaza con desestabilizar el frágil equilibrio del gobierno.
El mayor problema de nuestra política agropecuaria se encuentra
en la falsa concepción de apertura y miedo a la competencia que
tenemos los mexicanos, particularmente nuestros políticos. Si
escucháramos todo el tiempo sus argumentos nos quedaríamos con
la impresión de que el Tratado de Libre Comercio de América del
Norte y la falta de subsidios al campo son las principales causas
del deterioro de nuestra agricultura.
Sin embargo, la verdad es otra y una muy distinta. El atraso del
sector agropecuario en México es previo al tratado y la situación
sería peor sin él. El libre comercio ha traído a nuestro país
mayores beneficios que costos. Muy seguramente este punto fue
el que falló en 2003: Al considerar al TLCAN como el problema
y no como parte de la solución.
Desde la apertura queda claro que el camino correcto para la modernización
y desarrollo de la agricultura en México es (contrario a lo que
muchos opinan) la competencia, la liberalización de los productos
y el uso de nuevas tecnologías.
Las exportaciones agroalimentarias—que incluyen tanto los productos
del campo como los alimentos procesados con mayor valor agregado—aumentaron
en un 9.4% anual en los primeros ocho años de operación del TLC.
En total las exportaciones agroalimentarias mexicanas han aumentado
un 150% en los primeros nueve años de vigencia del tratado (el
78% las absorbe Estados Unidos).
La inversión estadounidense en la industria agroalimentaria en
México es de 6.000 millones de dólares. La inversión mexicana
en Estados Unidos para vender alimentos mexicanos rebasa los 1.000
millones.
El sector agroalimentario mexicano entre 2000 y 2006 tuvo un crecimiento
de 2.4% al año, cifra muy cercana al Producto Interno Bruto nacional
en su conjunto. La producción agroalimentaria en 2000-2006 fue
superior en 31.8 por ciento a la del sexenio 1989-1994 (cuando
el TLC aún no entraba en vigor). Las importaciones en este rubro
aumentaron 6.9% al año.
El Tratado de libre comercio le ha dado al campo mexicano los
nuevos mercados que le prometió. La pobreza y crisis que atraviesa
actualmente el campo mexicano no es producto de la falta de crecimiento
en los últimos años, sino de una mala planeación y aplicación
de recursos desde décadas atrás.
Tampoco es cuestión de recursos o subsidios. El presupuesto oficial
para el sector agropecuario en 2001 fue de 24 mil millones de
pesos, para 2007 fue de 58 mil millones de pesos.
El cataclismo del campo mexicano lo vivimos desde hace varías
décadas y hoy es una compleja realidad en nuestro país:
Una productividad mediocre. Cerca de 8 millones de mexicanos trabajan
en el campo y genera solamente el 4% del PIB. Mucha gente ocupada
en producir muy poco. Infraestructura obsoleta e inoperante a
las que, paradójicamente, se les dan los mayores subsidios. Mercados
ineficientes, intermediarismos y condiciones monopólicas, que
reducen las utilidades en beneficio de los especuladores.
Finalmente más del 40% de los agricultores mexicanos vive en pobreza
extrema y de los casi 50 millones de pobres que viven en México,
30 millones son habitantes de las zonas rurales.
El desarrollo del sector agroalimentario requiere de un esfuerzo
conjunto. El discurso contra la apertura comercial y la falta
de subsidios como la principal causa del deterioro del campo mexicano
es falso. El libre comercio ha contribuido al impulso agrícola
en los últimos años.
Culpar al TLC de los males en el campo mexicano no es el camino
correcto, debemos de reconocer que el desastre del sector agrícola
en nuestro país es el resultado de la mala instrumentación de
políticas públicas, de la falta de competencia, de la inadecuada
distribución de los recursos, y no es de ahora, sino de hace más
de 30 años.
Muy cierto “el campo no aguanta más”, y hoy como en 2003, se requiere
de un camino certero; de un trazo diferente que acepte la apertura
y sea capaz de entrar al concierto internacional, poder competir
y salir avante.
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