Felipe Calderón: Viraje de timón
Este año transcurre entre cielos velados y turbulencias
severas. Damos la bienvenida a estos primeros 23 días de Enero
con escaladas significativas en el índice general de los precios
de la canasta básica –incluida la gasolina- y con la inminente
entrada en vigor a la liberación de los últimos productos agrícolas.
Un tratado internacional que nos alcanzó y para el cuál nunca
nos preparamos; una economía doméstica que palidece por sí misma
y que tiembla de miedo ante la posibilidad de una recesión en
Estados Unidos.
Y por si esto no fuera suficiente, todos los días la violencia
y la delincuencia penetran en nuestras vidas y se convierten en
un común denominador; en una cifra cruel que deja de asombrar
y que inhibe nuestra sensibilidad. Estamos en una guerra brutal
que cada día se hace más presente y alcanza nuestros hogares,
nuestros amigos, nuestra vida diaria.
Para este comienzo de año, los mexicanos transitamos entre la
incertidumbre económica y la delincuencia organizada. Obviamente
las reacciones de los grupos de presión han sido feroces y estos
factores de zozobra económica e inseguridad pública se han convertido
rápidamente en terreno fértil para la agitación social y en una
oportunidad de oro para la “raja” política y el beneficio personal.
Finalmente una de las funciones cardinales del Estado es proveer
a sus gobernados las garantías mínimas de seguridad y certidumbre.
En el extremo, las demandas y manifestación guardan cierto dejo
de legitimidad.
El gobierno lo sabe y lo entiende bien, por ello es que el presidente
Felipe Calderón ha llevado acabo una serie de movimientos dentro
de su gabinete Presidencial y ha posicionado a sus cuadros más
eficaces, pero sobre todo más confiables en posiciones estratégicas
para hacer frente a estos retos y, ante todo, comenzar a construir
un proyecto transexenal que muestra su primer punto de inflexión
en las elecciones intermedias del próximo año.
El presidente Calderón siempre ha sido proclive a los cambios,
ha la rectificación, ya lo había demostrado durante su campaña
presidencial; cuando las cosas no marchaban bien y los números
no le favorecían entonces optó por dar un viraje total, refrescar
a su equipo cercano y cambiar de estrategia, actitud definitoria
para su triunfo electoral.
Hoy ya cómo Gobierno el viraje parece no incomodarle y, después
de una primera etapa en la que tuvo que ceder posiciones y pagar
cuotas, decide mandar al frente de batalla a sus hombres más confiables
que, ciertamente, hasta este momento han demostrado bastante efectividad
para los acuerdos, los amarres y el dialogo político.
El nombramiento de Juan Camilo Muriño como Secretario de Gobernación
simplemente institucionaliza el trabajo que ya venia realizando
desde la poderosa oficina de la Presidencia: La operación política.
Aparentemente esta probada capacidad y la confianza plena que
le tiene el Presidente abonaron en su nombramiento como Secretario.
Finalmente el Presidente gana mucho con esta decisión porque con
un solo movimiento destruye el halo mítico que rodeaba a Juan
Camilo y lo obliga a demostrar su capacidad para operar y tender
puentes desde arriba, frente a todos y con mayor transparencia.
Entonces, sí todo resulta bien, Calderón estará construyendo naturalmente
un poderoso candidato Presidencial para la continuidad de su proyecto.
Pero Felipe Calderón no sólo intenta recuperar el control de la
política interna, sino que quiere operar también desde la política
social. Para ello mando a Ernesto Cordero al frente de SEDESOL,
otro joven talentoso que, sin mucha experiencia social pero con
un probado talento técnico, intentará poner orden en unos de los
principales brazos políticos del gobierno para comenzar a construir
una poderosa red institucional de cara a la renovación de la cámara
de diputados en el 2009.
Cada movimiento del Presidente parece estar bien planeado; el
primer año concentró sus esfuerzos para hacerse de legitimidad,
aprobar reformas importantes y, lo más importante para su proyecto:
recuperar el Partido. Calderón entiende que este 2008 será el
año de las definiciones y que de ello dependerá el futuro éxito
o fracaso de su administración. Por ello, ha decidido cerrar la
pinza manteniendo el control partidario, político y social, factores
que, en el agregado, harán la diferencia. .
Brújula Ciudadana
Sí bien los cambios en el Gabinete Presidencial
apuntan en sentido correcto, en el tema de la delincuencia y el
narcotráfico no queda claro en dónde estamos. La estrategia también
cambio, ahora se tienen objetivos claros y contundentes. El avispero
anda revuelto y buscando alternativas: Hidalgo parece ser una
buena opción para el crimen. |