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Hidalgo: Oposición de papel

“Exigimos solución, únete. Por problemas agrarios, La Blanca no votará”. Está es la leyenda dibujaba en una manta de la comunidad La Blanca en el municipio de Santiago de Anaya, en dónde sus 480 pobladores decidieron no ejercer su derecho al voto como una forma de presión hacia el Gobierno Estatal, como una forma de denuncia pública y como una desangelada esperanza para recuperar sus 400 hectáreas de las que, según sus versiones, han sido despojados.

Silvestre Pérez Aldana, habitante de la comunidad, contundentemente señaló: ““Para presionar a las autoridades, desde diciembre decidimos no votar, ya que las administraciones pasan y pasan y nadie nos hace caso.” Y así lo cumplieron, durante la pasada jornada electoral en Hidalgo nadie de La Blanca ejerció su derecho al voto. Y así como ellos, más de un millón 100 mil hidalguenses decidieron quedarse en sus hogares y rechazar su derecho al voto.

Hoy, con apenas el 37.3% del padrón electoral, lo que representa poco menos de 600 mil electores, el Partido en el poder se consolida y fortalece su dominio. El PRI está de fiesta, la familia revolucionaria alardea su victoria, se jacta y celebra su contundencia. 18 de 18 distritos electorales obtuvieron, no es para menos, un “Carro Completo” en medio de acusaciones poco factibles o prácticamente indemostrables. Han demostrado músculo y eficacia. Los priístas extasiados hoy pueden vitorear su victoria.

Lo único cierto es que hicieron lo que debían. Optimizar sus recursos para mantener el poder. Sin dar ninguna ventaja y dirigidos por un Gobernador netamente pragmático su estrategia dio resultados. Muy probablemente en demérito de la misma democracia hidalguense, ¡pero vaya! ¡La Democracia es lo de menos cuando se logran carros completos! La Democracia puede esperar. El PRI se sirve y se sigue sirviendo.

Lector y lectora queridos, muchas preguntas vienen a mi mente: ¿Este Carro Completo significa aprobación unánime y total de todos los Hidalguenses hacia el partido en el gobierno? La respuesta es obvia, difícilmente podría ser así, cuando sólo una tercera parte de los Hidalguenses salió a las calles a ejercer su derecho al voto; la respuesta resulta negativa cuando la apatía por las campañas se convierte en el común denominador del ejercicio democrático, cuando el desapego y la falta de identidad con los Partidos Políticos se acrecienta entre los ciudadanos.

Entonces, ¿De verdad el Gobernador está llevando a cabo un trabajo tan ejemplar que alcanza, no sólo para la mayoría parlamentaria, sino para arrollar a la menguante oposición? Su trabajo no ha sido malo, se ha sabido mantener en una cómoda medianía, en un confortable “single peak” que le ha dado buenos dividendos.

Más por astucia política que por trabajo administrativo el Gobernador ha jugado muy bien su juego y ha entendido que la consecución y permanencia en el poder político está estrechamente relacionada con la percepción de bienestar de la gente. Percepción de mejoría que se incrementa con puentes y despensas, un engaño perceptivo muy sensible a la infraestructura, las promesas y los apoyos gubernamentales.
Pero en el entierro democrático la vela más grande la lleva la oposición. Partidos de caricatura, candidatos de risa y una oposición de papel da como resultado una poderosa hegemonía priísta en el Estado. Una oposición débil, acomodaticia y que a la menor provocación se vende con míseras dadivas políticas y económicas. Personajes que cambian de color en la primera oportunidad y que a la menor provocación entregan sus saldos.

Dirigentes locales a modo, Partidos oportunistas que más que la construcción democrática privilegian sus pequeños feudos y miserables prerrogativas. Y, por si algún otro ingrediente hiciera falta, Seudo-ciudadanos que no entienden que su apatía y desinterés hacia los menesteres políticos afecta a todos; gente –que no ciudadanos- que piensa que es mejor no votar a legitimar la victoria de los de siempre. Habitantes de comunidades que desechan su voto porque no entienden que éste es la única herramienta real de castigo y presión ciudadana. Hidalguenses ausentes y perdidos en un sueño profundo del que piensan que es mejor no despertar. Un Gobierno es busca de su pueblo, pero no de su ciudadanía.

Precisamente la hegemonía priísta encuentra su fortaleza en todos estos factores: Apatía ciudadana + astucia política + oposición de papel = Un sólo partido en el poder por más de 80 años y contando. Mientras Hidalgo duerme, la orgía priísta comienza.

 
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